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Desde su estreno en 2013, Clásicas Envidiosas se ha convertido en una de las comedias más exitosas del teatro offUn texto ingenioso y desternillante encabezado por la versión más rebelde de la Ofelia de Hamlet, quien por primera vez en 400 años se niega a suicidarse y aceptar su cruel destino. Guillermo Názara conversa con Chema Rodríguez-Calderón, autor y protagonista de la obra, sobre la obra más importante de su carrera, ganadora de la última edición de los Premios Irreverente y nominada a Mejor Autor Revelación en los Premios Max.

¿Cómo nace Clásicas Envidiosas?

Yo descubrí Hamlet a los 16 años, cuando lo vi representado por primera vez; es curioso: hoy en día nadie llevaría a un niño de esa edad a ver esta obra. Desde entonces, ha sido una obra que siempre me ha acompañado. El personaje de Ofelia, que vi interpretar a Ana Belén cuando conocí la pieza, siempre me ha resultado muy enigmático. Pero al mismo tiempo su destino me parece muy injusto. Creo que es un personaje que sufre mucho para el poco mal que hace. Fue así cómo surgió la idea de “rescatar” a Ofelia y reescribir su historia.

¿Por qué ambientar la trama en una emisora de radio?

En realidad eso no aparece en el texto. El libreto marca una obra de escenario vacío y tiempo inconcreto. La idea de que la historia se desarrolle en una radio es una aportación de nuestro director, Juanma Cifuentes. Cuando  Juanma empezó a dirigirnos, el texto le encantaba, pero a él le obsesionaba la multiplicidad de espacios. Había que buscar una forma de cohesionarlo todo, así que se le ocurrió convertir a los personajes en actores. En el texto original no son actores que interpretan, sino personajes que saben que son personajes. Pero el giro que le ha dado Juanma me ha dejado muy contento, porque creo que potencia muy bien el texto.

No obstante, los personajes mencionan a menudo que están en una emisora…

Las interacciones entre los personajes de Shakespeare no han sufrido ningún cambio, aunque es verdad que se ha forzado un poco el texto en las transiciones de radio. No obstante, hay muchas partes originales del libreto que parecen que están escritas para el programa de radio porque Juanma los coloca en ese contexto. Por ejemplo, hay frases que cuando se dicen ante un micrófono, parece que están diseñadas para ser dichas ante un micrófono, pero en realidad no es así; es solo la escenificación. La dirección también ha enriquecido el argumento. Por ejemplo, hay un personaje que es un dramaturgo que se está volviendo loco porque tiene que cambiar constantemente el guion, y que además está enamorado de Ofelia.

En Clásicas Envidiosas has trabajado simultáneamente como dramaturgo y actor. ¿Cómo se compaginan dos tareas tan importantes?

Antes incluso dirigía yo mis propias obras, además de interpretarlas. Pero me ha dado cuenta de que cuando interpreto un papel, es bueno evitar la auto-dirección. Una visión desde fuera aporta mucho. En el caso de Ofelia, el personaje lo conozco muy bien y está escrito desde la perspectiva poética y dramática de una Ofelia que se revela, por lo que para mí no ha supuesto ninguna dificultad interpretarla. Pero reconozco que muchas veces, cuando estreno, estoy mucho más nervioso como autor que como actor. Un actor siempre disfruta interpretando, pero el autor está preocupado por que su obra le gusta al público. Para mí, el reto se encuentra ahí: compaginar esas dos preocupaciones.

Clásicas Envidiosas nace en 2013 y desde entonces se ha representado por toda España. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

El ritmo y el espíritu de los personajes es lo que más ha cambiado. Los actores de Martelache, nuestra compañía, llevamos haciendo teatro juntos 12 años, y nos entendemos muy bien. Por ejemplo, Pedro Bachura (Julieta) y yo somos dos grandes amigas en el escenario, pero también en la vida real. Así hemos conseguido que la obra fluya de una manera increíble. De esta forma, nos permitimos improvisar alguna que otra frases en cada función. Sin embargo, hemos sido muy respetuosos con la visión de Juanma Cifuentes. Eso no quita que se nos vaya la olla muy a menudo.

Por primera vez, esta obra sale publicada tras haber ganado el Premio Irreverentes a Mejor Comedia. ¿Qué supone para ti este galardón?

Para mí es muy importante. Yo llevo escribiendo teatro desde 2002. Mis compañeros autores siempre me han dicho: “tú no te preocupes por los premios porque la comedia no gana premios”. Y es cierto. Cuando terminé Nubes frente a un espejo, mi primera tragicomedia, la envié un concurso para ver si, al tratarse de una obra dramática, ganaba algo. Me llevé el primer premio. Por primera vez, me llevo un galardón por una comedia, comedia que además me representa completamente. Lo tiene todo: mi parte más cultureta, la más mamarracha, la más crítica… Imagínate lo que para mí ha sido, depués de 25 años trabajando, estar en la lista de candidatos a los Premios Max. No me lo podía ni creer. Siempre había pensado que nunca me iba a pasar. Recuerdo que yo estaba dando un curso de teatro para jóvenes y de repente me llegó un mensaje en el que me decían que estaba nominado. Respondí riéndome. Pero era verdad. Para mí, todo este reconocimiento por una comedia que es tan yo, supone un privilegio total.

El libro también incluye tu obra inédita No estoy de acuerdo con vos. ¿Qué nos puedes adelantar sobre el texto?

Es una pieza muy en la línea de Clásicas Envidiosas. En ella, trato de experimentar con el lenguaje clásico dentro de un contexto contemporáneo. Cuando convocaron el Premio Irreverentes de Comedia, una de las bases es que tuviera una ambientación histórica. Así que lo que hice fue crear una fantasía histórica, en la que me saltaba todas las historias de sus personajes. Así surgió una trama muy interesante sobre dos machos alfa de dos épocas distintas. Es una historia muy graciosa que creo que os gustará.

¿Te planteas una segunda parte de Clásicas Envidiosas?

Sí. Yo siempre trabajo de tres en tres, y Clásicas Envidiosas se merece una trilogía. Esta vez me iré a los clásicos griegos. Tengo hasta el título, pero de momento no te lo puedo decir, por si acaso… (risas). Será el mismo estilo de comedia pero muy distinto, no tendrá nada que ver con su precursora.

¿Qué pensaría Shakespeare si viera esta obra?

Todos estos autores bebían mucho, así que es probable que le hubiera gustado. Shakespeare tenía mucho sentido del humor y además era muy versionador, le gustaba escribir sobre cosas que sobre las que ya se habían escrito. No creo que Shakespeare me hubiera demonizado mucho. Él era un gran empresario teatral, así que al haber el éxito tiene le habría parecido bien.

Puedes leer nuestra crítica de Clásicas envidiosas en este enlace.

Por Guillermo Názara