Crítica de ‘A Dead Body in Taos’: “Una autopsia del alma”

La última obra de David Farr aterriza en Londres para una temporada estrictamente limitada después de recorrer el Reino Unido desde su inicio en el Bristol Old Vic. Guillermo Názara reseña esta pieza que explora el vacío y el ansia humanos a través de los ojos de los inertes, para hacernos llegar sus reflexiones sobre esta producción que tiene lugar en uno de los lugares más seductores del Off-West End londinense.

¡Lo he clavado, joder! Eso es todo lo que quiero que diga mi epitafio. Sin remordimientos, sin sueños incumplidos, sin nada que me despierte de mi descanso eterno, salvo los agrios recuerdos de quienes me conocieron (créanme, son unos cuantos). Dicen que sólo se vive una vez (aunque muchos de los que apoyan firmemente esa idea también creen en la vida después de la muerte…), así que ¿por qué deberíamos contenernos para hacer lo que realmente queremos en lugar de lo que otros esperan que hagamos? Suena a tópico motivacional, pero cuanto antes lo asumamos, menos perderemos lo que la sociedad nunca nos va a dar a cambio: tiempo.

Esta temporada, el Music Hall de Wilton se deshace de su ambiente decimonónico (sólo en valores narrativos) para ofrecernos un viaje a un futuro no muy lejano. Esta nueva obra, ideada por el experimentado dramaturgo David Farr (entre sus créditos anteriores se encuentran El director de la noche, La caza y El libro de la selva), aborda el miedo innato del ser humano a la pérdida y los intentos desesperados que desencadena para evitarla o, en su defecto, sustituirla, sólo para descubrir que, dentro de nuestra naturaleza, para que exista la alegría tiene que haber tristeza que la fundamente. Este tema no es desconocido para el público en general, ya que el teatro, la literatura y el cine lo han tratado en bastantes ocasiones, produciendo desde aclamadas obras maestras como la novela de ciencia ficción de Isaac Asimov El hombre positrónico -antes, El hombre bicentenario-) hasta catástrofes de pesadilla como la infame Inteligencia Artificial de Spielberg (lo siento, no lo siento si fue la favorita de tu infancia).

Sin embargo, la escritura y el diseño de la trama de Farr consiguen construir su propio punto en el universo de la ficción, dando como resultado un texto que, aunque no es excepcional, consigue crear un paseo muy agradable e interesante, además de establecer una conexión entre los espectadores y muchos de los papeles, por muy adorables u odiosos (en serio, dan ganas de tirar a la madre del protagonista por la ventana) que sean. La construcción de los personajes está, por lo tanto, bien ejecutada, dándoles profundidad y relacionabilidad (ya sea porque hemos estado cuando ellos están, ya sea porque pueden recordarnos a alguien que conocemos) así como algún tipo de evolución a lo largo de la representación.

©Tristram Kenton 10-22

Apoyándose en una escenografía sencilla pero funcional y muy estética, los elementos visuales de la producción destacan no sólo por su capacidad de emanar y generar una atmósfera tangible, sino también por el dinamismo y el uso eficaz del espacio escénico -un esfuerzo acertado conseguido tanto por el diseñador Ti Green como por la directora de la obra Rachel Bagshaw-. Un reconocimiento similar merece el elenco, del que destacan primero Dominic Thorburn (una vez más, haciendo gala de su habitual carisma y presencia como actor seguro -lea nuestra anterior crítica sobre él aquí-) y luego Eve Ponsonby por su interpretación tanto del ser humano como del cyborg Kath (igualmente insoportable, pero un triunfo actoral).

Con una comedia, un ritmo rápido y continuo, una trama atrayente y un ligero tirón de las cuerdas del corazón, Un cadáver en Taos tiene más que unos cuantos ingredientes para garantizar una agradable noche en el teatro e, incluso, para impulsar algunas conversaciones profundas después de verla. Puede que te arrepientas de muchas cosas en la vida o que desees tener algunas de ellas de otra manera, pero seguro que no te arrepentirás de haber ido a ver ésta.

Rating: 4 out of 5.

A Dead Body in Taos se presenta en el Wilton’s Music Hall hasta el 12 de noviembre. Las entradas están disponibles en este link.

Por Guillermo Názara

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