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El pasado 6 de octubre se estrenaba en el Teatro de la Luz Phillips Don Juan; el épico drama del Romanticismo convertido por primera vez en musical. Duar Martín nos cuenta su visión sobre este espectáculo, que tras más de veinte años de creación, ha visto la luz por primera vez bajo los focos de la Gran Vía madrileña.

Todo empieza con un sueño. Suéñalo y podrás lograrlo (Walt Disney). El secreto real del éxito es el entusiasmo (Walter Chrysler). El éxito surge de la lucha contra los obstáculos. Sin obstáculos no hay verdadero éxito (Samuel Smiles). Tienen éxito porque creen que pueden (Virgilio). No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior (Steve Jobs).  Si deseas que tus sueños se hagan realidad, ¡despierta! (Ambrose Bierce). Cuando tienes un sueño tienes que agarrarlo y nunca dejarlo ir (Carol Burnett). Nada sucede a menos que primero sea un sueño (Carl Sandburg)… I Dreamed a Dream.

Don Juan es como ese pequeño que, sin ser bajito para su edad, no acaba de dar el gran estirón, como ese buen estudiante que, por más que se esfuerza, nunca llega al sobresaliente. Don Juan lo intenta, lo intenta, lo intenta… pero no llega. El esfuerzo de todo el equipo es evidente, admirable y merecedor de la gran ovación que recibieron del público. Poner en marcha un musical de gran formato, original (desde cero) y sin contar con una gran productora detrás es muy de agradecer y, a su vez, genera una gran expectativa. Esta no se llega a cumplir, pero no se quedan demasiado lejos.

En cuanto a la producción, se echa de menos una obertura para un comienzo que apunta bien y deja intuir una escenografía muy bien soñada, pero no del todo bien implementada. Detalles como dar visibilidad a lo que no debe tenerla, estructuras muy grandes y con demasiado protagonismo obligan a que los actores estén tan atentos a dónde ponen el pie que pierden naturalidad. Tal vez eso se resuelva con horas y horas de ensayo, pero desde luego no está resuelto. ¡Ah! No quiero dejar de saludar a quien o quienes estuvieran debajo de las escaleras. Hasta les cogí cariño de tanto verles de aquí para allí. Insisto, las grandes ideas se pueden quedar solo en eso, si no se cuidan los detalles.

A pesar de que el responsable de sonido no estaba, o no estaba en su mejor momento, y tener que hacer un esfuerzo titánico para entender lo que decían, hay que destacar las voces. De hecho, diría que es lo más potente del musical, junto con algunas coreografías. Si bien no todos los cantantes fueron destacables, juntos sonaban bien. Toni y Estíbaliz, los protagonistas, están francamente bien y eso que no lo tienen nada fácil. En realidad pocos lo tienen fácil porque la sensación de que van agotados se hace cada vez más obvia según pasan los números.

Musicalmente… bien, tiene sus momentos. Sorprende, que está muy bien por otra parte. No es el tipo de música que uno espera, pero a mí me dejó buen cuerpo. Tiene momentos de Ópera Rock, momentos que recuerdan a Aladdín, otros, incluso a Sister Act. Es difícil no sonar en algún momento a algo ya escrito por otros (Menken), así que tomémoslo como guiños.

Llevo meses escuchando que Don Juan no va a funcionar, que si iba a ser malo. Pues esto último ya tengo claro que no. Tiene potencial y creo que, si además de pulir ciertos detalles de la producción, aciertan con el posicionamiento y una estrategia de marketing adecuada, podría funcionar. Don Juan no es lo que parece ser, es otra cosa… estoy dando pistas.

Damas y caballeros, apostemos por quienes apuestan. Don Juan… Pasen y vean.

Por Duar Martín (@DUARAUD)