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Fotografía: Paula D. Major

Condenado a ver por toda la eternidad cómo aquellos a los que ama lo abandonan al morir. Caronte deseó ser inmortal; mas su propio anhelo lo esclavizó. Santi Senso nos brinda la oportunidad de disfrutar hasta finales de diciembre de El descanso de Caronte, un nuevo Acto Íntimo que se representa cada viernes en el Teatro del Arte de Madrid. Guillermo Názara conversa con el actor sobre su nueva obra, en la que el espectador no solo se convertirá en protagonista, sino en un ser poderoso dispuesto a abrazar la vida.

¿Cómo nace El descanso de Caronte?

Proviene del deseo de mi abuela Juana, que ya va a cumplir 95 años, de descansar. Ella está agotada de vivir, de levantarse cada mañana y que tengan que pasarla a su silla de ruedas o limpiarla. Ella, que ha criado a tantos hijos y nietos y en definitiva, ha sido tan fuerte, ahora cree que ha llegado su momento. Ha tenido que llegar a más de 90 años para “aceptar” la vida. Hay gente que la acepta con tan solo 20 años y se suiciden; otros ni siquiera son conscientes. Mi abuela, por el contrario, sí que se va dejando una tranquilidad y un karma. Creo que no somos responsables de nacer, pero sí de estar vivos. De esto trata también El descanso de Caronte, de la herencia que cada uno dejamos al ser responsables de nuestros actos.

Son muchos los personajes inmortales que han surgido en el Arte. ¿Por qué recurrir a la mitología griega para contar esta historia?

Caronte es quien quería ser eterno, inmortal y rico; un deseo muy generalizado también hoy en día. Se debe tener cuidado con lo que se desea. Caronte lleva siglos escuchando el sentimiento de culpa de las personas –que no pudieron llevar a cabo muchas cosas que ansiaban- y viendo cómo toda persona a la que quiere termina por morir. Él está agotado de todo eso. Caronte se ha vuelto preso de su propio deseo.

Fotografía: Xanela de Canela

¿Es la muerte una alegoría de la naturaleza oscura del ser humano?

No sé si una metáfora, pero creo que muchos no nos desarraigamos de las cosas y no disfrutamos de lo que poco a poco, vamos ganando. Si lo guardamos todo, ¿quién se lo queda cuando morimos? A su vez, creo que la obra también es una metáfora de ser más impulsivo y vivir de una forma más visceral. Al final, lo racional no te permite vivir la vida realmente. Es algo con lo que yo me identifico.

¿Es El descanso de Caronte un canto a la vida?

Totalmente. De hecho, la obra contiene muchas canciones llenas de vida, sobre todo de rituales indígenas o de cantantes latinoamericanos; aunque también hay canciones propias. Lo hacemos siempre en los Actos Íntimos, porque permite conectar mejor con el público. También es un canto a la inocencia y a la incertidumbre. Es mucho más divertido saber que la vida se acaba, porque se aprovecha más. Se debe disfrutar con respeto y escucha para dejar ese karma desde la honestidad y el amor.

Fotografía: Xanela de Canela

En esta producción trabajas tanto de director como de protagonista. Alternar ambas funciones puede ser muy arriesgado, ¿cuál ha sido la clave para poder combinarlas sin que la obra se haya visto afectada?

Nunca siento que dirijo. Me siento más impulsor del lenguaje propio de los Actos Íntimos. Me han etiquetado de muchas cosas: sanador, chamán, incluso fórceps emocional. Todo eso yo lo acepto, pero no voy de ello. Por eso acepto que sea el impulsor de este Acto Íntimo que es El descanso de Caronte, mas no me siento director porque considero que no hay nada pactado. Estoy impuesto a la modificación y al aporte dramatúrgico tanto del espectador como de mis compañeros. En estos montajes no hay dictador, hay un no saber qué va a pasar.

Fotografía: Xanela de Canela

¿Cuál ha sido el proceso de creación?

Mi trabajo con el dramaturgo, José Jesús Serrano, se puede resumir en esta idea: él firma, aunque los textos los verbalizo yo previamente; después, delego en él para que me los escriba. Mi imagen en los Actos Íntimos puede parecer muy poderosa, pero en realidad es el resultado de un trabajo en equipo. No soy autosuficiente; y eso es algo que me gusta.

En este montaje interactuáis constantemente con el público. ¿Por qué habéis decidido darle al espectador un rol tan activo dentro de la obra?

En los Actos Íntimos siempre hay invasión, aunque yo nunca voy a “violar”. El ser humano es invasivo –aunque también violador-. Para evitar lo segundo, intento estar alerta escuchando y respetando. Yo invado al espectador mas no le obligo a hacer algo que no desea. Creo que estoy en este mundo para cumplir los deseos de los demás, por eso brindo la oportunidad de que los espectadores dejen de lado el victimismo y se conviertan en seres poderosos.  En los Actos Íntimos no comparto la compasión; considero que anula al ser.

Si tuvieras que dar una sola razón para ir a ver El descanso de Caronte, ¿cuál sería?

Nadie debe perderse la oportunidad que le da esta obra para sentirse poderoso y aceptar la vida.

Entrevista realizada por Guillermo Názara (@MrNazara)