Reseña de ‘Marvellous’: “Maravilla teatral”

La primera sala del West End en 50 años ha abierto por fin sus puertas a su producción inaugural, trasladada desde el New Vic tras el éxito de la crítica. Guillermo Názara reseña Marvellous, la obra que narra la inspiradora historia de la vida real de Neil Baldwin, para que sepamos si el bombo y platillo se corresponde con el asombro de los conmovedores logros de su personaje.

Dicen que los grandes hombres sueñan con cosas sencillas. ¿Los pequeños, entonces, sólo desean grandezas? Bueno, lamentablemente para usted esa no es una respuesta con la que pueda ayudarle, al menos no a través de esta reseña. Porque Marvellous puede abarcar muchos temas, pero desde luego no sabe nada de “hombres pequeños”. Primero fue el telefilme -que recibió un premio BAFTA que el propio Neil recogió-. Luego, el libro – que Neil también escribió. Y ahora, su historia ha viajado al escenario – una vez más a través de las palabras que él ha ayudado a poner en el papel y, esta vez, también en el centro de atención. Un gran objetivo para muchos, pero sólo la punta del iceberg para alguien que cerró unas cuantas bocas y tiró de las mandíbulas de otros al superarse a sí mismo desde el día en que, de niño, le dijeron que se quedaba atrás. En este momento, no hay duda de que la carrera acaba de empezar…

Y seguramente no ha sido una obra tranquila si una obra necesita no uno sino seis actores para representar el mismo papel durante una sola representación. Puede que sea su contagiosa resistencia, puede que sea su imbatible fuerza de voluntad… O puede ser que la obra puede llegar a ser tonta de narices. Porque si hay algo que ha demostrado esta obra es su capacidad para cubrir con comedia de bofetadas y chistes tontos una historia que trata de la seria lucha de vencer los prejuicios de la sociedad. O lo que es lo mismo… Tiene una voz propia y rotunda, con un tono y un estilo que casi podría patentar, lo que le hace merecedor del derecho a ser llamado único.

Credit: Craig Sugden

Concebido por Baldwin y Malcolm Clarke (también un personaje de la trama y probablemente el amigo más duradero de Neil) y, al mismo tiempo, adecuado para pisar las tablas por la directora de la producción, Theresa Heskins, y (sí, es una vez más él) Baldwin (por cierto, fue muy guay estar sentado a un par de asientos de él durante el estreno), el espectáculo utiliza el marco estructural de “una obra de teatro dentro de una obra de teatro”, en el que sus personajes exploran sus habilidades interpretativas para dar vida a Neil en diferentes destellos de su viaje personal. O, en su defecto, a sus familiares, compañeros, profesores… o a piezas de mobiliario, dando un nuevo significado a la interpretación de “Árbol nº 1” para su hijo en su festival escolar.

Bromas aparte (si pudieran reírse amablemente de mi intento -aunque sea por pena-), lo cierto es que la construcción argumental del espectáculo no sólo ofrece al espectador un paseo más divertido, sino que potencia su ritmo y lo hace más variado en apariencia, ayudando a mantener el interés del espectador y creando trozos de absoluta singularidad a partir de las cosas más banales del mundo. Apoyándose en una escenografía mínima (mérito de Lis Evans), la atmósfera se recrea, sin embargo, con éxito mediante el uso de un atrezzo sencillo y, en general, una iluminación y unas proyecciones bien ejecutadas por Daniella Beattie, ambas capaces de transportarnos, en una medida aceptable, a cualquier lugar (no importa si pertenece a la tierra o al alma) al que los autores quieran llevarnos.

Credit: Craig Sugden

Pero aparte de su convincente escritura, lo más destacado de esta obra no es otra cosa que su hipnotizante reparto. Encabezado por Michael Hugo (que encarna al verdadero Neil y lo interpreta o dirige a los demás para que lo hagan), su magnética transformación en el héroe del espectáculo (con unos gestos casi espantosamente precisos y una fortaleza indescriptible que, sin exagerar, está realmente fuera de este mundo) no desprende otra cosa que el altísimo nivel en el que se basa esta producción. Por otro lado, Gareth Cassidy irradia luz de estrella por sí mismo a través de su hilarante, enérgica y extremadamente talentosa interpretación de una larga lista de papeles de los que ninguno parece capaz de vencerle. Por último, Suzanne Ahmet hace un homenaje de lo más conmovedor a la madre de Neil, emanando encanto en su interpretación y combinándolo con un hueso de comedia natural (y que engancha mucho).

Utilizar un término como Marvellous para nombrar una obra puede sonar como algo pretencioso en el mejor de los casos. Pueden excusarse diciendo que se refieren al hombre y no a la obra en sí, pero el doble sentido es obvio y, intencionado o no, indesligable de su imagen. Y si hay algo que hemos aprendido a lo largo de años y años de insoportable publicidad acechando por todas partes en cualquier forma posible, es a no confiar nunca en lo que nos venden, al menos hasta el punto de creernos todas sus “maravillas”. Por esa lógica, Marvellous debería ser tratada con la misma cautela, pero el caso es que se trata de un espectáculo delicioso con una narración brillante y muy original de una vida real asombrosa, capaz de conmover y generar un buen puñado de emociones (y reflexiones) a muchos niveles. ¿Debemos decir entonces que el título dice la verdad? Pues no. Porque el título no es una sobrepromesa, sino un eufemismo.

Rating: 4 out of 5.

Marvellous se representa en el Soho Place de martes a sábado. Las entradas están disponibles en este link.

Por Guillermo Názara

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