Crítica de “The Gretchen Question”: “Arte al natural”

Hasta el final de esta semana, el Master Shipwright de Deptford acoge esta nueva obra de teatro que da respuestas y plantea preguntas sobre la ética relativa a los ecosistemas, pero no de la manera que usted espera. Guillermo Názara nos cuenta sus opiniones sobre la última producción del Fuel Theatre: una historia de triple marco tejida por una realidad de la que quizá no te hayas dado cuenta.

Di las palabras “ecologismo” o “cambio climático” a alguien y observa su reacción. Parece un reto de TikTok (por favor, no vayas por ese camino…), pero el destino de la Tierra es, como todo en política hoy en día, un tema que ha polarizado a casi toda la población hasta el punto de que cada bando quiere abofetear al otro. Negadores y catastrofistas se baten en un duelo interminable en el que cada bando se esfuerza por gritar más fuerte, lo que lleva inevitablemente a la pronta conclusión de que cualquier material relativo a este asunto es, por todos los medios, o bien aburrido o bien sermoneador en el mejor de los casos. Esta no fue una excepción.

Cuando recibí la nota de prensa de The Gretchen Question, mi reacción instantánea fue una duda paralizante: “¿Realmente quiero ir a ver una obra que se queja de la contaminación y que me bombardeará con acusaciones de lo terrible que soy por no reírme biodegradablemente? No, gracias”. Sin embargo, me la jugué y decidí aceptar la invitación; al fin y al cabo, el trabajo de un crítico también consiste en darse un festín con lo que desprecia para tener una excusa para derramar su bilis de nacimiento. Eso, y también el lugar de celebración: un antiguo almacén de construcción naval reconvertido (su nombre hace que sea fácil adivinarlo) me pareció bastante chulo para visitarlo. Tomé asiento y me dejé sumergir en el espectáculo. Cinco minutos después de que empezara, no estaba contento; de hecho, estaba agradecido de haber venido, porque ya sabía que estaba presenciando algo brillante.

Centrada en las historias de tres mujeres diferentes (una del siglo XVIII, las otras dos, contemporáneas), La cuestión Gretchen es una auténtica búsqueda del conocimiento y la verdad última. Lo que puede parecer progreso podría ser en realidad una maldición que nos devuelva a la Edad Media. Lo que puede parecer verde, bien podría ser meras máscaras para otros intereses insidiosos. ¿Qué es lo moral? ¿Qué es lo correcto? Y sobre todo, ¿merece la pena? Muchos secretos serán revelados, o tal vez envueltos de nuevo, en esta rica y a menudo trepidante dramedia que cuenta con una excelente escritura y dirección y un impresionante atractivo de arrastre para sus temas – nos guste o no, es difícil no ser cautivado tanto por sus tramas entrelazadas como por el atractivo despliegue de datos científicos divertidos. No importa cuántos datos te den, sigues pidiendo más.

Representada en un escenario al aire libre a orillas de la ribera sur del Támesis, la belleza del chillón horizonte londinense sirve para realzar una escenografía engañosamente sencilla. Utilizando una cubierta de doble hoja (la más alta cubierta de arena blanca -en apariencia-), el dinamismo de su escenario dota a la producción de un ritmo de montaje cinematográfico al tiempo que mantiene su teatralidad estética. Con varias sorpresas y efectos bajo la manga (mis labios y mi pluma), esta producción hace que la obra salte del ámbito de las palabras para convertirse en una celebración momentánea de asombrosa visualidad. Su despliegue de ilusiones (con sus métodos siempre revelados ante los ojos de los espectadores) refuerza la idea de lo bien que sus creadores entienden los medios de comunicación, ya que sólo en el teatro te pueden decir que te están mintiendo de una manera tan escandalosa, y aun así probablemente elijas creerlo.

Los elogios a sus creadores deben ser compartidos casi en su totalidad también por el reparto. En general, impecable, la más destacada del reparto principal es Yohanna Ephrem, que interpreta a la odiosa pero encantadora a su manera YouTuber Maisie, un papel que le ha permitido demostrar su innegable hueso de comedia pero también su capacidad para desarrollar un personaje con el que el público puede simpatizar. Al mismo tiempo, Alex Mugnaioni sobresale como el aristocrático Joseph Banks, derrochando carisma y presencia y desvelando con maestría la verdadera cara de su personaje a lo largo de la velada (bonita o fea, lo dejaré para que lo descubran). Además, un dúo de música en directo sirve de banda sonora de la obra. Dirigido por Max Barton al contrabajo, el violín y la guitarra (eso ya debería hablar por sí mismo), el equipo, aunque pequeño, consigue construir una atmósfera completa gracias a una instrumentación inteligente y a unas melodías y progresiones de acordes sabiamente elegidas.

El arte no puede ser ni será nunca ciencia, pues no hay certeza de lo que puede desencadenar nuestros sentimientos y embriagar la mente. Sin embargo, The Gretchen Question se las arregla para demostrar que esa suposición es errónea, haciendo las cuentas y estableciéndose como verdadero teatro de calidad. Es divertido, es apasionante, es bello, es desagradable… Es un espectáculo con todas las letras mayúsculas. Puede ser considerado como teatro alternativo, pero no hay mucho de alternativo en esto – simplemente hay que ir a verlo.

Rating: 4.5 out of 5.

The Gretchen Question se representa hasta el 2 de octubre en el Master Shipwright. Las entradas están disponibles en este link.

Por Guillermo Názara

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