Óscar Balmaseda habla de ‘Mamma Mia! – The Party”: “Reto a cualquiera a que no se divierta”

A pocos minutos del electrizante bullicio del West End londinense, en las curvas no tan tranquilas del río Támesis, se encuentra la isla griega de Skopelos. Bueno, tal vez no la real, pero sí la que tiene el sentimiento y la esencia más reales. Mamma Mia – The Party sigue asombrando a los espectadores por su producción de ensueño, su nueva y convincente historia y, sobre todo, su asombrosa banda sonora. Guillermo Názara conversa con uno de sus actores principales, para saber más sobre el show que nadie se quiere perder.

El musical original, la producción holográfica y ahora también este show con repertorio de ABBA. 3 espectáculos diferentes en una misma ciudad y todos son un éxito. Es como si la demanda de ABBA no acabara nunca…


Sí, hay una ABBA-manía que no termina; no se sabe dónde están sus límites, la verdad. Sobre todo, este año, que han lanzado un nuevo álbum después de tantos años sin sacar música juntos. Pero también es curioso que un grupo que duró diez años justitos en los 70, que en el 2022 sigan siendo vendiendo todo allá donde estén, sin hacer nada juntos. Solamente es la música que crearon. Es algo increíble, la verdad, algo de admirar.


¿Y a qué crees que se debe ese éxito? Porque en vuestro público hay tanto gente mayor como personas de ventipocos.

Eso lo he pensado mucho. Siempre reflexiono en qué les ha hecho tan, tan famosos. Pero cuando escucho las canciones, sobre todo las que han sido hits, sabes que han sido esos bombazos. Son temas que están muy bien compuestos. Se tiraban horas y horas buscando acordes, ese ese sonido único que les ha dado fama. Y luego tienes canciones en las que la estrofa es un temazo y luego te marchas al estribillo y es otro temazo; dos juntos en la misma pieza. Yo creo que eso los hizo un poco épicos, y luego también obviamente el talento que ellos tenían al escribirlas. Fueron muy inteligentes, al utilizar muchas palabras y muchas canciones en otros idiomas, como Chiquitita, Mamma Mia! o Fernando. Supieron muy bien dónde estaba su mercado y cómo crear un mercado más grande y lo que se llevaba en aquellos tiempos. Vi un documental sobre cómo lo construyeron, y es algo increíble cuando lo analizas: cómo llegaron ahí, que no fue casualidad. Esto son muchos años de trabajo y muchos años de oficio, utilizando ese ingrediente único que 50 años después lo sigue siendo. Hoy en día lo cantas y parece moderno. Es un poco de suerte, obviamente, como todo en este mundo, pero yo pienso que la suerte aquí después de 50 años, no debe de ser tanta…

Este musical está relacionado con su precursor, pero sin embargo la trama es completamente diferente y no es una continuación. Como actor, ¿supone eso un reto añadido hacia un púbico general que pueda estar esperando una secuela o una versión del mismo material?


Sí, de algún modo sí. Porque como tú bien has dicho, hay mucha gente que viene a ver Mamma Mía The Party pensando que viene a una experiencia de la película. Vienen a la película y luego llegan y se dan cuenta de que esto no es la película. Hay mucha gente que viene diciendo “venimos a una boda”, ¿pero una boda de quién, si no hay boda? Entonces sí que te hace trabajar más duro, en el sentido de que hay un porcentaje de personas a las que debes convencer durante los próximos diez, 15 minutos, de que no han venido al musical de Mamma Mia!, sino a algo diferente. Eso como actor, me gusta mucho, en especial la labor de ser tú quien les cuentas la historia. Es lo bueno que tiene el teatro inmersivo: les ves las caras, están confusos, pero se ríen y les gusta. Sí que supone un trabajar un poco más, pero la gratificación es más grande al ver que les estás cambiando un concepto que ellos tenían completamente. diferente.

En la obra interpretas a Nico, el simpático, histriónico y algo sobreprotector dueño de la taberna. Imagino que cuando un personaje es tan intenso, también hay que medir ese punto a la hora de construir el papel. ¿Cómo ha sido ese proceso?

Yo creo que he aprendido con el tiempo. Abrimos el musical hace tres años y yo no había hecho nunca nada de teatro inmersivo, en lo que supone estar alrededor de la gente. Nunca he tenido miedo a ello, pero es algo que aprendes día a día. Te das cuenta de que no estás en un teatro en el que tienes que actuar para gente que está frente a ti, sino que estás haciendo algo que tiene que ser muy real a tu alrededor y que las caras están ahí. Entonces te preparas siempre para actuar la verdad. Es algo que a veces se me olvida y tengo que acordarme. Me dieron una vez un consejo muy bueno: “no actúes”. Y me dije: “¿cómo que no actúes?”. Se trata de hacer lo que haría un personaje, y eso me ayuda mucho. A veces es muy fácil caer en esa esa faceta de sobreactuar y tienes que pensar: “no, tengo más que ser yo esa persona”.


¿Cuál sería esa verdad trasladada a este personaje en concreto?

Una vez que te sabes el guion y lo tienes, está metido en tu cuerpo. A mí me gusta explorar mucho, no me gusta hacer siempre los mismos shows. Cuando voy a decir algo, en vez de decir mi frase a menudo intento mirar a la persona que me ha dicho la anterior línea y reaccionar naturalmente: “¿yo qué le diría después?, me sale decirte esto, te lo voy a decir así…”. Y es la ventaja de hacer este tipo de teatros, que tienes un poquito más de puertas abiertas a ser un poco más tú de alguna manera, porque yo creo que no hay nunca un camino erróneo en este tipo de teatro, pero sí que me gusta mucho reaccionar como diría algo. Hay veces que funciona y otras veces que no, a veces que igual le dices y dices me ha salido igual, es demasiado fuerte, demasiado agresivo, no debería ser tan agresivo, pero no tienes que pensar tanto las cosas, tienes que ser natural, si no la gente te lo nota.

¿Hay una parte de ti que le hayas dado el personaje o que él y tú compartáis?

Cien por cien. Y como actor, soy una persona que piensa que cualquier personaje que hagas, cualquier persona, siempre tiene que tener una parte tuya, que cada actor es de una manera diferente, pero yo siempre pongo la parte mía como sería yo, como si Óscar fuera esta persona: si tuviera esta vida, si fuera de esta manera, así sería yo. Obviamente hay cosas que funcionan y otras que no, pero para mí siempre hay un porcentaje de un personaje que eres tú. Si no, no sería esos sentimientos, esa conexión emocional o dramática o cualquier yo creo que no terminaría nunca de conectarla.

Ya lleváis mucho tiempo con la obra. ¿Ha habido algún momento en que esas interacciones con el público hayan dado lugar a alguna situación graciosa o que quieras comentar?

Muchas, muchas, muchas. El otro día, por ejemplo, me encontré a una chica alisándose el pelo con unas planchas. ¡Sí, en la obra! Es lo que tiene el teatro immersivo. Mamma Mia! – The Party te transporta a Grecia, a vacaciones y hay mucha gente que se relaja tanto que realmente cree que está de vacaciones, que está en otro sitio.

Haciendo de otro personaje, le pregunté a una señora: “¿algo que pueda arreglarte?”. Y me respondió: “Sí, mi matrimonio”. Son situaciones en las que nunca sabes lo que hay. Por ejemplo, una chica ayer me dijo que venía a celebrar que era una de las últimas veces que iba a poder celebrar de momento, porque estaba un poco malita. Eso siempre te toca, sea bueno o malo. Cada día vas a tener a alguien ahí al que le vas a cambiar la vida. Hay una persona que está ahí para transportarla y cambiarle tres horas de su vida, sea para bien o para mal.  Es lo que tiene el teatro inmersivo y en directo, que nunca sabes lo que te va a pasar. Esa adrenalina es con la que a mí me gusta vivir también, ¿eh? No te pienses. Es una adrenalina única.


La energía del público, al menos cuando lo fui a ver la semana pasada, es brutal. La gente se  viene arriba desde el primer momento e interactúan todo el rato con vosotros. Imagino que eso también os nutre a vosotros para a la hora de seguir con la función.


Sí, totalmente. Es algo que además a la gente le gusta mucho ver: hay alguien siempre que forma parte del espectáculo. Porque al fin y al cabo han pagado para estar en una experiencia inmersiva. Entonces sabes perfectamente que hay gente que va a actuar con ellos y otros que no, entonces cuando ven que forman parte, a la gente le gusta mucho y a nosotros también. No siempre, porque hay veces que igual a alguien no le apetece y entonces es igual un poco más difícil, pero hay grandes momentos: hay veces que hacen fotos, se hacen selfies, a veces se llaman, a veces te llega un mensaje de casualidad, hay gente que le gusta hablar y te cuenta la edad. Es algo muy único, la verdad.


Es un espectáculo muy intenso, además. En los descansos vosotros seguís ahí porque vais hablando con el público. Tanto actoralmente como no solo en el plano de construir el personaje, pero aguantar ese ritmo, función tan de transmutación que es muy intenso. ¿Cómo se asume algo así?

Con el tiempo ya no te das cuenta y te acostumbras al personaje, pero es agotador. Porque, como tú dices, cuando estás en un escenario, en el West End o donde estés, siempre tienes tu backstage preparado y luego sales y tienes que actuar. Y una vez que te das la vuelta ya no te ve nadie. Aquí, hagas lo que hagas, movimiento que hagas, lo que estés donde estés, siempre va a haber una persona que te esté mirando. Entonces eso es una presión. Al principio es una presión que tú te puedes poner encima y siempre hay algo mirándome o puedes sobrellevarla, y admitirla, aceptarla y jugar con ella. Me gusta mucho. Pues como tú dices, muchas veces igual estoy andando por ahí y veo a la que hace de mi mujer y la cojo y le hago: “¿qué pasa guapa?”, y me pongo a bailar con ella porque me sale, porque yo soy así como persona y creo que mi personaje lo haría así también. Yo creo que a la gente le gusta también verlo. Es una manera como de dejar de actuar y de ser y llevarlo en ti. Entonces no estás actuando, siempre estás solo ante lo que es, viviendo la vida de otra persona, pero la estás viviendo constantemente. Pero como tú dices, es agotador. Después de cuatro horas lo es perfecto.


Si tuvieras que darme una razón para ir a ver esta este montaje en comparación con los otros que hay de ABBA, ¿cuál sería
?

Te reto a que no te lo pases bien. Reto a cualquier persona que venga a ver el musical. Le reto a que salga de ese edificio sin una sonrisa en la boca, de cara a cara, y sin sentirse feliz y sin la sensación de que ha vivido una experiencia totalmente única.

Mamma Mia! – The Party se representa de miércoles a domingo. Las entradas están disponibles en este link.

Por Guillermo Nazara

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