Crítica de los Proms de la BBC – ‘Il Tabarro’: “Genio y genialidad”

A medida que el festival de música de verano más importante del Reino Unido se acerca a sus últimas semanas, viajamos a través de su programación para recordar uno de sus momentos más destacados. Guillermo Názara analiza la interpretación de la Orquesta Hallé de la ópera en un acto Il Tabarro de Puccini, una obra sobre el romance y la pasión condenados, cuya música celestial es sin embargo una representación del infierno.

Las temporadas van y vienen… Como todo en la vida. Muchas cosas están destinadas a irse, pero sólo unas pocas consiguen quedarse. ¿Son estas últimas las únicas que cuentan? Es difícil decirlo. Porque a veces los momentos más breves son los que atesoramos con más cariño en nuestros corazones. Pero cuando eso ocurre, nunca pueden desaparecer realmente, ¿verdad? Tal vez Puccini lo tuvo en cuenta al componer Il Tabarro, una ópera en un acto en la que el apasionado anhelo de una existencia más plena se enfrenta a un insaciable deseo de venganza. Se necesita aproximadamente una hora para cautivar, conmover e incluso destruir, ya que la injusticia se sirve con gracia en una bandeja de plata de la abundancia musical.

Un exuberante romance florece en la desalentadora penumbra de los muelles de París, en una época en la que el trabajo es tan escaso como los sentimientos que Giorgetta (la esposa del jefe de los estibadores) guarda para su marido. Su única evasión de la realidad es su romance secreto con uno de los trabajadores de su cónyuge, pero esos raros destellos de alegría sólo conducirán a una corriente incontrolable de desgracias. Maestro en jugar con las reacciones de la gente, convirtiendo a su público en un personaje más cuyas emociones podía guionizar y dirigir con asombrosa precisión, Puccini entra en todas las facetas de su psique a través de su personal estilo (casi patentado) de melodías adornadas y orquestaciones extravagantes, emulando con picardía la belleza y ocultando, al mismo tiempo, un subtexto latente de crudo ardor.

Annunziata Vestri (c) Chris Christodoulou/BBC

A pesar de que ninguno de sus temas se eleva a las listas de los 10 más populares (algo sorprendente en un hombre cuya música es recordada incluso por aquellos que piensan que la palabra “ópera” es sólo el nombre de un navegador de Internet), la partitura no es menos eficiente, existiendo notables habilidades narrativas así como el habitual poder embriagador que sólo Puccini puede mantener sobre los sentimientos del espectador. Deleite, encanto, emoción y magnetismo. Términos similares para describir conceptos que sólo se diferencian para alguien que alberga la más profunda de las almas -quizá tan excepcional que, con el relevo generacional, sólo puede viajar de una a otra para mantener viva la llama del arte.

Y quizás, de nuevo, eso es exactamente lo que ha sucedido durante los proms de este año, ya que la excepcional dirección de Sir Mark Elder demuestra su profunda comprensión (tanto instictiva como sabia) de la complejidad interior de cada pieza que interpreta. Se podrían escribir muchos párrafos para detallar la exquisitez de su interpretación, en la que cada frase y cada capa están cuidadosamente afinadas en un equilibrio perfecto de fantasía musical y realismo de fantasía, no sólo creando un sueño tangible, sino también dotándolo de alas para volar. La Orquesta Hallé no sólo ha demostrado su incuestionable valor, sino que ha sentado un precedente ejemplar para cualquiera que pretenda hacer el mismo intento. No, por supuesto, de forma amenazante, sino de la forma en que el teatro siempre brilla: inspirando.

Sir Mark Elder (c) Chris Christodoulou/BBC

Sin embargo, Puccini nunca habría hecho de su nombre una marca registrada si no fuera por su talentosa generosidad con la voz humana. Un regalo de doble filo, no obstante, ya que sus garabatos belcantistas son tan bellos como exigentes, y su dificultad va mucho más allá de la perspectiva musical. Aunque en esta ocasión todos los cantantes han demostrado un nivel bastante competente, el verdadero estrellato corresponde a una de las intérpretes secundarias, ya que Annunziata Vestri, en el papel de la cómica trapera La Frugola, destaca especialmente gracias a su humor desternillante y a su contagiosa resistencia en el escenario. Por su parte, Adam Smith y Natalya Romaniw, en el papel de los malditos amantes secretos, consiguen hacer palpable su deseo prohibido a través de su magnífica ejecución del canto, que a veces también trasciende a algo más que a una mera técnica precisa.

Puede que Il Tabarro no sea una de las obras más famosas de Puccini. De hecho, el público en general quizá conozca más su trilogía debido a la disputa entre la confianza del compositor y Andrew Lloyd Webber (un supuesto caso de plagio que siempre he encontrado increíblemente absurdo) que por su contenido. Pero, lejos de ser una desventaja, aquí se encuentra una emocionante oportunidad de descubrir una pieza menos conocida de un hombre con un talento inigualable para emocionar a su público con cada una de las notas que escribió. Cuando ese nivel de creatividad se une a un nivel similar de calidad interpretativa, sólo puede producirse magia. Hay temporadas que vienen y temporadas que se van, y luego están esos instantes que, por su esfuerzo sin parangón, se convierten en inmortales.

Rating: 4.5 out of 5.

Los Proms de la BBC se celebran hasta el 10 de septiembre. Las entradas y la programación completa están disponibles en este link.

Por Guillermo Názara

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