Reseña de ‘L’incoronazione di Poppea’: “Sombría seducción”

La semana pasada, el Teatro Arcola inauguró su festival de ópera de verano con una nueva versión de uno de los primeros clásicos de toda la historia del género. Guillermo Názara nos cuenta su experiencia en el estreno de esta producción reinventada por el Ensemble OrQuesta, donde tradición y vanguardia se unen en una historia épica sobre la corrupción del amor y el poder.

Son las 22:30 de una fresca noche de verano en Londres. Las calles de ladrillos amarillos de Dalston aún bullen a altas horas de la noche, aunque el sonido silbante de la brisa precede a su cierre por el día. No pasará mucho tiempo hasta que los únicos signos de vida que queden sean los que provienen de las cálidas vigas de sol de las habitaciones de los residentes y el murmullo de las lámparas de corriente de sombra fría. El telón está cayendo en el barrio oriental, fundiéndose al unísono con el crepúsculo de su principal teatro local, cuya representación (la última de la noche pero la primera de muchas otras que llegarán) ha atenuado las luces de su historia de despedida.

Vuelvo a casa inmerso en un mar de destellos cegadores y en los ruidos ensordecedores e impacientes del ajetreo del centro – extrañamente, interrumpidos de forma intermitente por la quietud pacífica pero ocasionalmente desconcertante del silencio absoluto. Pero mi mente está en otro lugar, y en algún momento (o momentos) también. A través de diapositivas hechas de recuerdos e imaginación, divago por las imágenes de una Roma imperial en decadencia, el nutrido renacimiento cultural de la Venecia del siglo XVI y algún otro lugar. Uno que no es posible nombrar y casi igual de difícil de describir, del tipo que sus instintos entienden, pero la razón sólo lo estropearía. La llamada obra maestra de Claudio Monteverdi ha sido reestrenada en el Teatro Arcola, abriendo el camino a una extensa sucesión de versiones reinventadas de material clásico, que se está representando hasta mediados de septiembre. Un lugar conocido por su enfoque experimental en sus producciones, esta no hace ninguna excepción.

Interpretada en la intimidad de una pequeña sala de caja negra, la visión del Ensemble OrQuesta de esta innovación barroca (según los estándares del estreno original) sienta sus bases en la mezcla de purismo musical y anarquismo teatral (sin insinuaciones despectivas). Con una orquesta de piezas históricas que tocan instrumentos reales de la época, la puesta en escena camina sobre una línea borrosa que separa el simbolismo visual y la ambientación figurativa. La proximidad del público a su reducida escenografía es probablemente uno de sus puntos más fuertes. Proporcionado por el propio local, pero aprovechado por la dirección del espectáculo (mérito de Marcio da Silva), el erotismo potenciado de este montaje (que sirve de hilo conductor) se ve así reforzado por la ausencia de cualquier distancia entre espectadores y personajes.

Utilizando sólo una pequeña cama y dos finos fondos negros que funcionan como lienzo simbólico de los grotescos asuntos que tendrán lugar, la simplicidad intencionada del diseño funciona, sin embargo, como un arma de doble filo, ya que no consigue recrear otros momentos que los que suceden bajo las sábanas. Un problema similar ocurre con la escenografía, especialmente durante el primer acto, ya que las múltiples posibilidades que ofrece el espacio de doble nivel de la Arcola se pierden repetidamente, y sin la ayuda de una iluminación narrativamente eficaz, los diferentes ambientes que podrían haberse recreado se pierden en una atmósfera demasiado genérica (y de hecho monótona).

Sin embargo, esto se ve compensado por la notable calidad de su reparto. Aunque la mayoría de ellos rebosa una técnica vocal excepcional, lo que destaca no es su capacidad musical, sino su actuación. Cualquier consumidor habitual tanto de ópera como de teatro habitual (ya sea musical o textual) es sin duda consciente de la nula atención que muchos cantantes clásicos prestan a lo que viven sus personajes. No sólo no cometen el mismo error esperado, sino que sobresalen a la hora de hacer flaquear las emociones, la tensión dramática y el alivio cómico con intesidad y naturalidad, lo que nos da cierta esperanza en cuanto a cantantes belcantistas creíbles y no estáticos. La mayor mención corresponde esta vez a la soprano británico-irlandesa Hazel Neighbour, cuya amarga interpretación de la trágica Ottavia es en algunos momentos trascendente, derramando el dolor del personaje en el aire y dejándolo fluir en los corazones de los espectadores.

Con sus peculiaridades y defectos, L’Incoronazione del Ensemble OrQuesta hace un buen esfuerzo por recuperar el material primitivo y retorcer su aspecto para explorar las posibilidades de su teatralidad. Con las correcciones adecuadas, podríamos estar ante un interesante estudio teatral y, en definitiva, una agradable pieza de entretenimiento, con potencial de éxito no sólo para un público culto, sino para aquellos dispuestos a liberarse en los brazos de una nueva (para ellos) forma de arte. Il più inquieto affetto è la pazza ambizione.

★★★☆☆

L’Incoronazione di Poppea se representa en el marco del Festival de Ópera Grimeborn del Teatro Arcola, que se celebra hasta el 10 de septiembre. Las entradas y los próximos espectáculos están disponibles en este link.

Por Guillermo Názara

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: