Crítica de ‘Lea Salonga – Dream Again’: Demasiado para un solo corazón

En medio de su primera gira nacional desde el cierre de los teatros, el icono mundial del teatro musical Lea Salonga pasó esta semana por el Royal Albert Hall de Londres, despertando las esperanzas y concediendo los deseos de un público apasionado. Guillermo Názara repasa este acontecimiento único en la vida, para contarnos la experiencia que ha marcado un punto de inflexión no sólo para sus espectadores, sino para su propia protagonista.

Y ahora estoy solo de nuevo – ningún lugar para ir, nadie a quien recurrir. Pero los dulces recuerdos y sentimientos que a través de las palabras se vierten. Los recuerdos de un espectáculo – del tipo que tu corazón no dejará ir… Realmente, no hay otra forma de hacer justicia a un momento tan poético como el regreso de Lea Salonga a los escenarios que rindiendo homenaje a algunas de las líneas que la convirtieron en una estrella del mundo del teatro musical. El dramatismo de ver a una intérprete de tanto renombre pisando las tablas de la que posiblemente sea la sala de conciertos más emblemática de Londres sólo puede ser superado por el hecho de que no lo había hecho desde hace más de 20 años, cuando ofreció su por entonces eufóricamente aplaudida y ahora multirepetida en YouTube interpretación del trágicamente seductor himno de Eponine, como parte del apodado reparto de ensueño de Los Miserables.

Y ha sido de hecho ese tipo de sueño el que la ha devuelto al lugar que le corresponde, a través de los anhelos y rezos de estas dos últimas temporadas, que han sido compartidos apasionadamente no sólo por sus colegas, músicos, directivos y productores, sino por enormes grupos de público y, más concretamente, por los fieles seguidores que el pasado martes casi abarrotaron el recinto de más de 5.000 localidades. El ambiente ya era electrizante cuando las luces estaban a punto de apagarse, y estalló en una explosión de furor y emoción cuando las primeras notas de la obertura, con el inconfundible sabor asiático que durante diez años conquistó el Theatre Royal Drury Lane, llenaron el espacio y transportaron nuestras mentes al romanticismo y los peligros de la guerra de Vietnam, para después hacernos volar a los lugares más recónditos del alma de nuestra infancia.

Fue precisamente ese inocente asombro el que se apoderó del auditorio durante toda la velada, destilando generosamente desde su entrada, que fue recibida por un estruendoso aplauso y un mar de espontáneos cumplidos a gritos, que no cesaron durante toda la actuación. Es fácil entender por qué. Llamó la atención internacionalmente cuando fue elegida como actriz principal en la apuesta de Cameron Mackintosh de 1989, Miss Saigón, y recibió elogios de la crítica debido a su presencia escénica natural y a su voz distintivamente fina y potente. De color suave, pero con un rango innegablemente robusto y capaz, ninguno de los rasgos que le hicieron ganarse un puesto a largo plazo en el cielo del teatro musical ha decaído un ápice. Un notable despliegue de técnica perfecta mezclada con la pasión desenfrenada de su esencia, es cuando menos impresionante ser testigo de cómo sigue sonando igual que hace más de 3 décadas.

Un logro admirable que, sin embargo, no está reservado sólo a las melodías, ya que el evento, de hora y media de duración, presenta un repertorio variado que va desde baladas pop y canciones de baile hasta nuevas versiones bellamente arregladas de viejas canciones recordadas con cariño, como la conmovedora llamada a la paz de Lennon, Imagine. Acompañado por una banda de rock, una sección de cuerda completa, un piano de cola y tres cantantes de refuerzo, el alto nivel de producción refleja el tamaño de su conmovedora colección de canciones, que aunque ecléctica en su origen, mantiene un estilo melodramático ochestral cohesivo, que se ajusta al sonido teatral idiosincrático de Salonga. Aunque interesante desde el punto de vista artístico, ese puede ser el único (y minúsculo) defecto de este concierto, ya que a pesar de que cualquier cantante tiene derecho a probar cualquier género que se le antoje, no es menos cierto que lo que este público espera es probablemente más de esos temas que les hicieron unirse a su fanatismo en primer lugar.

Sin embargo, los que esperen sus tradicionales éxitos del West End / Broadway pueden respirar aliviados, ya que no sólo los cuatro clásicos principales que la convirtieron en un icono se condensan en un emotivo y vistoso popurrí, sino que también se puede disfrutar de un tema inédito de Disney, entre otras delicias, en toda su extensión. Introducida por una convincente historia personal, esta particular interpretación (y discurso de entrada) sirve también de homenaje a la leyenda de la Gran Vía Blanca, Stephen Schwartz, y en cierto modo, resume el núcleo del espectáculo: no importa el tamaño del recinto, consigue hacer aflorar una sensación de conexión única y directa, como si a través de cada melodía la distancia entre el artista y el espectador se fuera desvaneciendo, sustituida por un fuerte vínculo individual compartido por ambos. Con una sencilla y elegante puesta en escena y un eficaz diseño de la iluminación, que realza la narración despertando los ojos de su propia imaginación, la fantasía y el sobrecogimiento provocados por la experiencia y salvados por la emoción mantienen la promesa del título del espectáculo. Y al contrario de lo que concluye la trágica heroína, demuestra que la vida no ha matado el sueño que soñamos, sino que lo ha hecho realidad.

4/5 estrellas.

Lea Salonga actuó en el Royal Albert Hall el 28 de junio. Las próximas fechas y entradas para sus próximos conciertos están disponibles en el siguiente link.

Por Guillermo Nazara

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