Crítica de ‘Juniper and Jules’: “Una historia familiar”

Durante una temporada estrictamente limitada de dos semanas, esta nueva obra se ha quedado en el corazón del Soho londinense para ofrecer una nueva exploración sobre las identidades queer. Guillermo Názara comparte sus reflexiones sobre esta producción, representada previamente en el Festival Vaul en 2019, donde se le concedió el Premio al Espectáculo de la Semana.

Algunos creen que se mantienen fieles a sí mismos acatando las normas de no conformidad. Otros pueden estar más cerca del resto, pero no han dejado de ser auténticos ni un solo día. Somos criaturas complejas, pero la respuesta a nuestras identidades es bastante sencilla: no dejarse definir por nadie más que por uno mismo, y eso incluye que no te importe si no encajas (¡o incluso si lo haces!).

Se trata de Juniper y Jules, dos personas de mundos completamente diferentes, pero atraídas por su apasionada fascinación mutua: la primera nunca ha dudado de que es lesbiana y sigue muchos de los clichés que se esperan de ella, pero está convencida de que es radicalmente individualista. Por otro lado, Jules nunca se había dado cuenta de que también le gustaban las mujeres hasta que conoció a Juniper, pero eso no significa que esté obligada a cambiar toda su personalidad por un nuevo rasgo que acaba de descubrir.

La obra plantea un interesante conflicto psicológico, ya que dos temperamentos muy diferentes se dan la mano y luchan al mismo tiempo. Empezando por las primeras etapas de su relación (lo que podría haber sido sólo un enganche ocasional), la obra sigue toda su evolución, en la que la emoción y la alegría impecable del principio empiezan a resquebrajarse y amenazan con que su propio vínculo se desmorone.

Parece relacionable, y hay varias escenas con las que (independientemente de tus preferencias sexuales) seguramente te sentirás identificado, pero lamentablemente el texto no logra captar tus emociones de la misma manera, ya que la muy interesante premisa se diluye en una trama muy predecible. Los dos personajes, aunque intrigantes durante el inicio, pierden parte de su atractivo (al menos en lo que se refiere a su viaje) al final de la obra, ya que el ritmo se ralentiza considerablemente y algunos momentos y argumentos se vuelven demasiado repetitivos.

Sin embargo, hay algunos puntos fuertes, incluso en el propio texto (ya que los primeros diálogos tienen un mayor nivel de realismo y su comedia provoca un puñado de risas), pero éstos provienen especialmente de sus dos únicas actrices Gabriella Schmidt (Jules) y Stella Taylor (Juniper). Su química y naturalidad son, con mucho, el mayor punto a favor de la producción, ya que sus interacciones sugieren una comprensión más profunda entre ellas.

Por otro lado, la dirección (a cargo de Bethany Pitts) también funciona de forma eficaz, haciendo un uso dinámico del espacio y proporcionándonos una visión más profunda del viaje de los personajes, principalmente a través de los mensajes visuales proporcionados por la iluminación y algunos posicionamientos interesantes. Todo ello hace que Juniper and Jules no sea una obra excepcional, sino un esfuerzo divertido realizado por un reparto y un equipo creativo de gran talento, que siempre merece la pena visitar.

Juniper and Jules finalizó su temporada de dos semanas en el Teatro Soho de Londres el 14 de mayo.

3/5 estrellas.

Por Guillermo Názara

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