Crítica de ‘The Phantom of the Opera’: “Los embrujos son todavía cosa de la oscuridad”

35 años después de su premier oficial, el musical más conocido de Andrew Lloyd Webber ha sido completamente restaurado en su lugar de nacimiento, con una revisada producción que incluye algunos nuevos decorados y otras modificaciones. Guillermo Názara nos ofrece visión sobre la apariencia actualizada del espectáculo, para hacernos saber sobre el nuevo sonido de la música que yace en la oscuridad.

Pieza es de colección. La extravagante y mundialmente conocida obra de Andrew Lloyd Webber se había convertido en cierto modo en un reflejo de su prólogo con el paso de los años. Aunque todavía es un favorito del público (incluido de este autor), la cuestión es que la duradera producción de West End estaba rompiendo más cosas que récords durante su última década, pues el paso del tiempo estaba haciendo mella en más sitios que los carteles. Antes del parón que frenó al teatro en todo el planeta, ir a ver Phantom era una experiencia similar a la de un museo, ya que aparte de algunos pequeño detalles cambiados durante el transcurso del show, la producción era básicamente la misma que cuando abrió en 1986, y las señales de que se estaba marchitando eran ya alarmantes. Entonces la pandemia golpeó, y lo crean o no, a este musical le vino a ver Dios.

Una vez más, la realidad se encontró con la ficción con el estreno del revisado “brilliant original”. Del mismo modo que la majestuosa lámpara revuelve su universo para transportarnos a una época de esplendor y grandiosidad, esta obra ha renacido por completo; y yergue colosalmente sobre la escena londinense como un vigoroso fénix haciendo alardes de su insaciable poder. ¡Y de qué manera! Sencillamente no existente exageraciones cuando se describe lo que se le ha hecho a este clásico, ni lo que supone verlo. Desde pequeños toques a algunos decorados con un diseño completamente distinto y mucho más espectacular a su icónica pieza central, The Phantom of the Opera ya no es una antigüedad que merece la pena ser vista, sino uno de esos montajes de moda que no te puedes perder esta misma temporada.

Todos los problemas que podrías encontrarte (como me había pasado) hasta que su auditorio fue forzosamente cerrado han sido resueltos; todos. Ya no hay ruedas chirriantes, ni las telas se eliminan de una forma patosa, ni tampoco hay ilusiones que no han envejecido bien. La función avanza como un reloj suizo y demuestra que se ha modernizado correctamente, pero manteniendo la esencia (y en general, todas la propuesta visual) de Harold Prince (director). “¿Qué diferencia hay, entonces?”, me preguntaréis. Bien, aunque pueda parecer un sinsentido: todo. Y no bromeo, ni trato de confundir. Se han respetado y mantenido lo conceptos de Maria Björnson, pero los han mejorado considerablemente.

Una escena en la azotea mucho más ensoñadora (con una nueva y colosal estatua de Pegaso para reemplazar a la ahora para siempre desaparecida Victorie Ailée; esta primera, mucho más efectiva, en mi opinión) o un reimaginado viaje a la guarida, con ahora pasajes secretos adicionales como efecto de fondo, dando lugar a una experiencia mucho más inmersiva y completa. Esto también se le atribuye a la simplificación (aunque solo a primera vista) del proscenio. Aún con sus terroríficas pero atractivas gárgolas, la reducción de sus dimensiones (solo de ancho) ha permitido más espacio en la boca del escenario, eliminando esa sensación de abarrotado que solía tener la producción (especialmente con esos altavoces “ocultos” y, tristemente, bloqueados). Además, un nuevo proscenio interior, que rinde claro homenaje a las figuras inspiradas en Garnier de Björnson, aparece y desaparece en cada escena de ópera, de nuevo resaltando la imagen de variedad y su distintiva atención al detalle.

¿Pero qué hay de esas caras en las sombras (o concretamente, bajo los focos)? Porque no cabe duda de que este año Her Majesty’s es el hogar de alguno de los actores más realizados de Londres. Con una compañía que funciona sin ningún defecto, el mayor cumplido se lo lleva merecidamente Rhys Whitfield (Raoul, Vicomte de Chagney). Elegancia, encanto y, digámoslo también, sexualidad en su interpretación se unen a su seductora y robusta voz cantante, convirtiéndolo en una de las mayores revelaciones (y definitivamente un must-see) de los últimos meses. Lucy St. Louis, en el rol de la querida e ingenua Christine Daaé, destaca con sus habilidades actorales, que comparte con su enemiga en escena (esperemos que sólo ahí) Saori Oda como la histriónica (y desternillante) Carlota Giudicelli. Otra incorporación excepcional viene de la mano de Adam Linstead como co gerente de la Opéra Populaire, Giles André, cuya naturalidad y extraordinaria vis cómica son un maravilloso complemento a los aumentados y bienvenidos momentos cómicos,

But what about those faces in the shadows (or more precisely, on the spotlight)? Because there’s no doubt that this year Her Majesty’s is home to some of London’s most accomplished actors. Working flawlessly as a company, the biggest shoutout is well deserved by Rhys Whitfield (Raoul, Vicomte de Chagney). Elegance, charm and, let’s say it, sexiness in his performance join his entincing robust singing voice, making one of the greatest revelations (and a definite must-see) in the last months. Lucy St. Louis, playing the role of the beloved ingenue Christine Daaé, excels in acting qualities, which are also shared by her onstage (let’s hope only there) enemy Saori Oda as the histrionic (and hysterical) Carlotta Giudicelli. Another exceptional incorporation comes from Adam Linstead as co-manager of the Opéra Populaire, Giles André – exuding naturality and an extraordinary comedy bone, a dazzling to the omplement to the increased and much welcome comic reliefs.

Durante 35 años, The Phantom of the Opera se ha apoderado de la imaginación de espectadores no solo en el West End, sino en todo el planeta. Una historia inmortal y con la que es fácil identificarse, que incluye arrolladoras y a veces dolorosas letras y una impresionante música, esta versión reinventada nos asegura una cosa: Phantom nunca se hace demasiado viejo. Siento desilusionar a sus phans más ultras, pero al contrario de lo que su héroe dice al final, la música de la noche está muy lejos de su final.

5/5 estrellas.

The Phantom of the Opera se representa de lunes a sábado en Her Majesty’s Theatre. Las entradas se pueden adquirir en el siguiente link.

Por Guillermo Názara

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