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Algunos necesitan etiquetas, otros sencillamente escapar de ellas. Gay, hetero, bi o lo que sea. ¿Realmente necesitamos esas palabras para describir cómo nos sentimos? ¿O evitarlas es simplemente un modo de huir de la realidad? La semana pasada, Cock de Mike Barlett tuvo su estreno en el West End en el Ambassadors Theatre, protagonizado por Taron Egerton y Jonathan Bailey. Guillermo Názara nos cuenta su visión sobre esta nueva producción dirigida por Marianne Elliott y también protagonizada por Phil Daniels y Jade Anouka, que cuestiona varios pilares de nuestra personalidad.

A algunos de nosotros nos gustan los chicos. A otros las mujeres (o eso dicen…). A algunos incluso les pueden gustar los dos. Todo está en nuestra genética, o al menos eso es lo que a menudo hemos oído. Sin embargo, ¿quién puede probar que es cierto? Bueno, muchos no estarían de acuerdo con incluso cuestionar este hecho, pero por otro lado, ¿no es el teatro una fuente de retos para nuestras mentes y convenciones? Molesta o estimulante, no hay duda de que los temas explorados en Cock (ya no hace falta adornar el título) no dejan a nadie indiferente. Amor y traición (hacia los demás y hacia uno mismo), la desesperada necesidad de liberarse y las máscaras y corazas con las que nos protegemos de la sociedad e incluso de nuestros más allegados. Todo es en esencia lo mismo: un reflejo del espíritu humano.

Escrita por Mike Barlett (y representada por primera vez en 2009 en el Royal Court Theatre), la obra tuvo su debut en West End la semana pasada, con un impresionante elenco liderado por las estrellas internacionales Taron Egerton (nominado al BAFTA por Rocketman, Kingman) y Jonathan Bailey (Company, Bridgerton). Sin duda, aquí los productores han hecho bien su trabajo: la elección no podría funcionar mejor sobre el escenario. La química entre Egerton y Bailey, que se sumerge en un asombroso nivel de intimidad y comprensión, nos da la sensación de estar espiando una conversación de pareja privada, en lugar de viendo un espectáculo.

Por supuesto, las palabras que pronuncian ayudan, y Barlett claramente ha sabido construir escenas inteligentes que con detalle retratan las motivaciones, y más especialmente, frustraciones y decepciones del día a día, particularmente en lo que respecta a aquellos sobre los que depositamos nuestra felicidad. Su brillante ritmo y humor irónico y sincero son las mayores fortalezas de esta pieza, que se apoderan de tu atención (y filtro de risas) desde el minuto 1 y no te sueltan hasta el mismo final. El nivel de verdad que yace tras las intenciones de los protagonistas, que a menudo se abren a varias capas de complejidad, es convincente y a la vez conmovedora, y se refuerza con la satírica (aunque extremadamente realista) interpretación de Egerton y, sobre todo, la actuación increíblemente pasional energética y directa de Bailey.

Frente a ellos, Jade Anouka se mete en la piel de W, la chica hacia la que Bailey empieza a sentirse atraído tras su larga relación con Egerton. Aunque representa un conflicto interesante dentro la historia, este es quizás el mayor defecto de la obra, precisamente porque el personaje, aparentemente, no tienen ninguno en comparación con sus contrapartes. Dicho esto, la interpretación de Anouka todavía le da naturalidad al rol y la tensión entre los tres (y pronto, cuatro) es excepcionalmente tangible. Finalmente, Phil Daniel salta dentro del tercer acto de la narración, como el padre protector dispuesto a ayudar a su hijo (Egerton) cueste lo que cueste. Esto dará lugar a una conclusión angustiosa y explosiva, pero también satisfactoria.

Dirigida en esta ocasión por Marianne Elliott, la producción emplea un decorado estéril color platino y refractario, para transportarnos, más allá que a una localización, a los lugares y estados mentales (sobre todo el de Bailey) en los que caminan sus personajes. Aunque esto hace algunas de sus entradas inesperadas, aún le falta algún factor sorpresa en cuanto a su efectividad. No obstante, sí realza la sensación de encarcelamiento, que es probablemente en lo que se basa la búsqueda de sus protagonistas (pues como iremos viendo, no es solo de Bailey). En resumen, aunque no es de mis propuestas favoritas, la comprensión del texto es obviamente correcta y está bien canalizada a través de la escenografía.

Nos guste o no, solo sería justo decir que Cock es una de las mejores ofertas de esta temporada y definitivamente un must-see. Con temas que gente de ambos lados del espectro político verían como problemáticos, simplemente vuelvo al arranque de esta crítica, para subrayar su poder de reflexión. El arte (y el teatro específicamente) posee el potencial de hacerse eco de nosotros de una forma en la que quizás nunca nos hemos observado, y Cock claramente lo tiene con bastante abundancia.

4/5 estrellas.

Cock se representar en el Ambassadors Theatre de lunes a sábados por tiempo limitado hasta el 4 de junio. Las entradas están disponibles en este link.

Por Guillermo Názara