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María Cobos (izquierda) e Inés León (derecha) en el arranque de La Mama

¡Saltan las alarmas en El Vaticano! El cónclave acaba de ser secuestrado por dos señoras armadas. Son revolucionarias, son radicales… ¡y son monjas! El Teatro Marquina se ha convertido en el centro de operaciones de La Mama, una nueva comedia ácida, pero sobre todo muy divertida, en la que no hay espacio para el talante ni la corrección. Guillermo Názara conversa con sus protagonistas para conocer qué hay detrás de este montaje no apto para ofendiditos.

En un mundo dominado por la corrección política, hacer humor sobre tantos temas tabú parece una profesión de alto riesgo…

MC: Creo que es necesario que vuelva a dejar de ser “alto riesgo” poder hablar de temas actuales con humor e ironía. En la actualidad, hay como una especie de tendencia a morderse la lengua no vaya a ser que alguien llame a las cosas por su nombre y que el de enfrente se ofenda por ello.

¿Está la sociedad actualmente más polarizada que nunca?

MC: No sé si más que nunca, pero irascible a la par que dormida, diría que un poco sí.

IL: Yo tampoco, pero desde luego que estamos llegando a un punto bastante polarizado y nada bueno. Cada vez hay menos empatía, comprensión y más caciquismo y odio . Para eso está el arte, para que no perdamos la memoria y para enseñar la empatía que nos ayuda a ser más tolerantes. 

Inés, en la obra interpretas a Sor Agustina, una monja con un pasado bastante turbio y un carácter un tanto… especial. Con un personaje así, cruzar la línea entre lo simpático y lo repelente puede ser todo un reto como actor…

IL: Es un reto toda la obra , pero mi trabajo no es juzgar al personaje si no comprenderlo y aceptarlo tal y como es, por eso no podría cambiar nada de él , no sería Sor Agustina.

¿Con qué rasgos de Sor María te quedarías?

IL: Me quedo con su fuerza, determinación, sentido del humor , picardía y la capacidad de superación.

Por suerte, la corrección política no representa a la mayoría

María, ​en tu caso, das vida a tu tocaya, una monja que aunque ingenua, también carga con un equipaje bastante pesado. ¿Cómo se afronta un papel que poco a poco va demostrando más y más complejidad?

MC: Es muy atractivo el reto de interpretar a un personaje que, a priori, parece simple e inocentona y que, poco a poco, te das cuenta que también sufre, también llora, también se equivoca y también es persona. Cuanta más complejidad se muestre en su carácter, creo que hay más jugo para poder encarnarla como alguien que es real y humana; y eso hace que poder interpretarla sea un regalo.

No obstante, Sor María no es el único personaje en cuya piel te metes, ya que en la obra aparecen muchos más papeles esporádicos de los que también te encargas. Como actriz, ¿qué retos supone tener que cambiar de rol tantas veces y tan rápido?

MC: ¡Uf! Jeje. Este es otro tema. Durante la obra interpreto cuatro personajes y, entre patas, estoy sola con los cambios de vestuario. Y los cambios son muy rápidos. Siempre creo que no voy a llegar a tiempo a la siguiente escena. Pero el teatro tiene eso, que no sabes cómo, pero al final siempre llegas.

Toca, eso sí, estar muy concentrada y tener tanto el vestuario como la utilería bien preparado. Y, antes de salir a la siguiente escena, pensar rápidamente en cómo habla, cómo camina y en qué estado se encuentra en este momento el personaje que me toque hacer. Y… ¡pa’lante

Con un guion cargado de ironía y un humor bastante inteligente, ¿no resulta a veces difícil conteneros la risa en medio de la representación?

MC: ¡Por supuesto! En esos momentos miro a otro lado, respiro y a seguir. 

¿Es importante reírse de lo políticamente correcto?

IL: Por supuesto, hay que reírse de todo, y en especial de uno mismo y de lo políticamente correcto.

MC: Es necesario.

​​​¿Creéis que la corrección política es una fachada que quizás no representa a la mayoría?

IL: Creo que no hay representación mayoritaria.

MC: La corrección política está siempre ahí como opción para quien no quiera mojarse en un discurso comprometido. Por suerte, no representa a la mayoría.

¿Por qué hay que ver La Mama?

IL: Porque no solo te hartas de reír casi toda la obra, que eso ya es maravilloso. Si no que también te hace reflexionar y es un buen espejo para descubrir donde estamos cada uno.

MC: Si te apetece reír, si te apetece evadirte durante una hora y veinte, y ser parte involucrada de una historia contada por dos actrices, hay que ir a ver La Mama.

La Mama se representará los domingos del 9 al 30 de enero. Las entradas están disponibles en este link.

Por Guillermo Názara