Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El Espacio Ibercaja de Delicias acoge la producción española de uno de lo musicales más exitosos y premiados en los últimos años tanto en Broadway como en el West End. Guillermo Názara nos ofrece su visión sobre este montaje, protagonizado por Daniel Diges, Tiago Barbossa y Angy Fernández, para revelarnos si realmente «no ha nacido un producto mejor».

«Say yeah, yeahhhh!». Bueno, ¿qué otra cosa se puede decir si me ofrecéis licra y pelucones? No, tranquilos que no me estoy confesando (y mejor que no lo haga…), solo hablo de una las apuestas más fuertes del teatro musical esta temporada en Madrid. Buenas coreografías, mejores temazos y, sobre todo, una gran historia sobre lo importante de ser uno mismo y liberarse de los prejuicios e ignorancia de los demás. Kinky Boots tiene todos los elementos (y así lo ha demostrado en sus pasadas producciones) para convertirse en uno de los musicales más icónicos de los últimos años. Ahora, por primera vez en España, la fábrica de botas para drags más famosa de Inglaterra instala su nueva sede en Madrid. Pero… ¿han sabido mantener la calidad del género?

«¡Uoooooooh!«. Ahí, capacidad de síntesis ante todo. Pero es que no hay mejor forma de resumir esa otra gran banda sonora, quizás la más imprescindible en toda representación: la reacción del público. Y es que semejante entrega solo ocurre cuando una obra consigue despertar emociones muy fuertes en los espectadores, y eso no es nada fácil. Kinky Boots no solo parte de un muy buen libreto, repleto de ironía y rapidez en sus diálogos (¿qué se puede esperar de Harvey Fierstein?). La versión española ha sabido acercarlo a su audiencia, con ocurrentes chascarrillos y humor local, incluso con los propios actores riéndose de sí mismos. No es ninguna sorpresa que al final de la función, todo el teatro estuviera en pie (y no porque se quisiera ir).

Pero centrémonos ahora en el elenco (o elenquinho), porque sin duda la gran fuerza de esta producción tiene nombre, apellido y séquito. Tiago Barbosa saca bien a relucir sus botas en el papel de Lola, haciendo alardes de una enorme energía, muy buena voz y una cercanía y naturalidad (dentro del histrionismo de su personaje) que no logra sino que nos enamoremos rápidamente tanto de su álter ego como de su verdadera identidad (Sam). Pero lo mismo ocurre con grupo de drags, cuyos bailes han resultado ser la sorpresa más agradable de todo el montaje: hacía tiempo que no veía tanta coordinación en un ensamble en España, y más cuando se trata de coreografías tan ágiles y dinámicas. Por su parte, Dani Diges defiende bien el rol protagonista de Charlie (heredero de la fábrica), con algunos momentos vocales brillantes y, especialmente, mucha ternura en su interpretación. A él se suma Angy Fernández como Lauren, que con su sencillez habitual, nos pinta el retrato de la vida con el que más espectadores se sentirán identificados (¡no vamos a hacer spoilers!).

A menudo los musicales se anuncian como esa gran fiesta que no te puedes perder, Kinky Boots sin embargo lo es. Una explosión de música, comedia, emoción y color con el que Madrid vuelve a resplandecer con lo que durante tanto tiempo ha permanecido en penumbra por culpa de la pandemia: el teatro de gran formato. Un claro ejemplo de esfuerzo que ha dado sus frutos y cuyo reparto demuestra que se está mejorando en el nivel artístico de los montajes. Sin duda, no es un musical para una sola temporada. Eso sí, que en esta versión nuestra Lola (o Sam) no sea de Clacton. Si desde Northampton se puede coger un taxi a Chueca, seguro que sus personajes pueden volar desde mucho más lejos.

4/5 estrellas.

Kinky Boots se representa de miércoles a domingo en el Espacio Ibercaja (Delicias). Las entradas están disponibles en este link.

Por Guillermo Názara