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La nueva comedia de David Mamet aterriza en España tras su estreno mundial en el Garrick Theatre de Londres, en una nueva producción dirigida por Juan Carlos Rubio y con un reparto formado por Nancho Novo, Fernando Ramallo, Eva Isanta y Candela Serrat. Guillermo Názara nos cuenta su visión sobre este montaje, que desde la semana pasada se puede disfrutar en el Teatro Reina Victoria de Madrid.

A menudo subestimamos el poder de la ficción. Esa llamada “vía de escape de la realidad”, a la que paradójicamente concedemos una sorprendente credibilidad, que es capaz de encender emociones de las que ni nos imaginábamos dueños, y que consigue que, tras pasar por su filtro, veamos con ojos muy diferentes hasta los hechos más escabrosos. No es ninguna novedad que la comedia negra sea un género en el que David Mamet sabe lucirse, y con creces. Pero tampoco es menos cierto que, tras tantos años explotando su ingenio e ironía, impresione que sus ideas (y tacos) no se hayan agotado ni sufrido el estrago del tiempo. Primero fue Londres, pero ahora es Madrid (con una nueva producción) la prueba de que así es.

Trigo Sucio es una brillante reflexión sobre la ambición y sus excesos. ¿Hasta dónde está cada uno dispuesto a llegar para lograr sus objetivos, ya sean movidos por sus pasiones, sus principios o su avaricia? ¿Son los malos tan malos? ¿Es todo en verdad tan simple? Cuestiones que divagan por la mente de uno entre carcajada y carcajada, mientras que se desarrolla ante nosotros una frenética trama, cuyo ritmo se mantiene ágil de principio a fin, sobre un controvertido productor de cine en Nueva York, su fiel secretaria, un guionista frustrado y una aspirante a actriz. El glamour de Hollywood se desvanece como una cortina de humo para mostrarnos su cara más hostil, pero de una forma tan divertida que la única pena que sientes es cuando llega el final.

Pero una buena historia puede desdibujarse muy pronto si sus protagonistas no están a la altura. Por suerte para la obra (y para quien vaya a verla), el elenco de esta producción sabe defender bien su oficio. Bajo una acertada dirección de Juan Carlos Rubio, su punto más fuerte es, sin duda, la interpretación de Nancho Novo en el papel del irreverente productor Barney Fein. Histriónico, acomplejado, mentiroso, manipulador y, no obstante, con un lado humano por descubrir, la seductora energía que Novo proyecta sobre su personaje consigue atraparnos desde su primer insulto. Junto a él, Eva Isanta da vida a su comprometida asistente. Fría y reservada, aunque no por ello carente de personalidad, su actuación destaca sobre todo por su indudable realismo. Fernando Ramallo y Candela Serrat completan el reparto, en dos roles que serán los desencadenantes de su controvertida trama.

Ácida, muy entretenida y en ocasiones introspectiva. No siempre un montaje nos ofrece tanto con tan poco, dándonos la oportunidad de reír y disfrutar, y al mismo tiempo invitándonos a ir más allá, ver por encima de nuestros prejuicios (sean los que sean) y observar (o incluso entender) las diferentes caras de la realidad y la percepción que cada uno tiene de ella. Trigo Sucio es un ejemplo de cómo la reflexión no tiene por qué ser algo sesudo y soporífero. Porque aunque las situaciones que nos presentan sean de lo más crudo, su humor -y principalmente, su gran comprensión del entretenimiento- las hacen muy fáciles de digerir.

De miércoles a domingo en el Teatro Reina Victoria.

Por Guillermo Názara