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Una de las últimas producciones de Yllana regresa por tiempo limitado a los Teatros del Canal, en un show en el que pasión y técnica se unen para crear algo muy único. Guillermo Názara nos ofrece su visión sobre este montaje ganador del Premio Max 2019 a Mejor Musical, donde la ópera toma una nuevo giro a la hora de hacer espectáculo.

Cinco artistas que parecen proceder de algún lugar remoto que quizás nunca existió. Una atmósfera circense que respira el decadente pero embriagador aroma de la belle époque. No hay más diálogos que aquellos que suenan al son de la música. No hay  más argumento que el de las pasiones que despierta cada aria. No hay más formas de describir un espectáculo así que con una sencilla palabra: “emoción”.

Nunca es fácil crear un show cuyas canciones no han sido creadas específicamente para él. Pero cuando el repertorio se componen de temas mucho menos accesibles, como son los de la ópera, el mérito es indudable. Sin embargo, es evidente que no estaría alabando esta producción si su único logro hubiera sido combinar unas cuantas canciones. No, si hay algo que destacar aquí es la fuerza de un montaje que rápidamente se apodera de tu atención y se resiste a soltarla hasta la última palmada de los aplausos finales.

Con un ritmo rápido y repleta de interacciones muy cachondas con el público (y si no, que se lo digan al espectador que lo tocó ser el amor platónico de una de las sopranos), The Opera Locos convierte un género a menudo asociado a lo “cultureta” en una experiencia amena de la que solo te entran ganas de repetir. Pero más allá de las anécdotas, lo más memorable de esta producción es el innegable talento de quienes la protagonizan, cuyas voces rozan en su mayoría una técnica brillante y, por encima de ello, la asombrosa capacidad de introducirse hasta en lo más profundo de tus sentimientos (reconozco que hubo momentos en los que estuve a punto de soltar alguna lágrima).

Se suele decir que cuando una obra funciona realmente es porque ha cautivado la imaginación del público. The Opera Locos es claramente un buen ejemplo de ello, con escenas tan potentes cuya emoción sigue siendo palpable hasta horas después de que hayan acabado, y que te hacen reencontrarte con esos agradables escalofríos que solo surgen cuando algo te ha impactado de verdad. Hasta el 2 de agosto en la Sala Roja de los Teatros del Canal.

Por Guillermo Názara