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© Chris Christodoulou/The Best Of… Rock Musicals (2019)

© Chris Christodoulou/The Best Of… Rock Musicals (2019)

El pasado 12 de mayo, el Eventim Apollo Hammersmith acogió una de las noches más especiales de toda la temporada. The Best of… Rock Musicals, un concierto que celebra los mejores temas del teatro de los últimos 50 años, triunfó con sus increíble homenaje a algunos de los shows más populares de la Historia. Descubre la visión de Guillermo Názara sobre esta función única protagonizada por el talento más aclamado de Broadway y West End, presentado por uno de los hombres que hizo de este género una realidad.

La tarde es soleada en Londres. Una situación bastante rara, quizás a modo de aviso de algún extraño evento. Filas repletas de personas rodean la imponente fachada del Apollo Hammersmith, introduciéndose hacia un gran salón orientado a un escenario vacío. Ni un alma en él, ni un sonido que oír, salvo aquellos que creas en tu cabeza, mientras visualizas algo desconocido, aunque de algún modo familiar para ti. Dicen que cuando te creas muchas expectativas, hay más probabilidades de llevarte una gran decepción. No es el caso.

Existen dos tipos de espectáculos de magia: aquellos en los que hacen trucos delante de tus ojos y aquellos que lanzan un hechizo sobre tu corazón. El segundo tipo es una descripción bastante precisa de lo que puede ofrecer The Best of… Rock Musicals. Un talento que te deja boquiabierto, reforzado por su contagiosa energía. Esto es mucho más que un concierto. Y de hecho, esta seguramente no es la mejor palabra para definir a esta producción, ya que la sabia mano narrativa de Hugh Wooldridge se aprecia durante toda la producción. Al igual que los montajes más impresionantes de West End, el show se apodera de tus emociones desde el primer minuto, a través de los intensos acordes del tema principal de Jesucristo Superstar. Desde ese momento, se alza la Historia de los musicales rock, y con ella, un espectáculo diseñado cuidadosamente, en el que inagotables uptempos y calmadas pero fuertes baladas se suceden a un ritmo perfecto. Algunas noches son para recordar; esta, para nunca olvidar.

© Chris Christodoulou/The Best Of… Rock Musicals (2019)

© Chris Christodoulou/The Best Of… Rock Musicals (2019)

Normalmente es difícil encontrar un elenco que no tenga ningún fallo. Este es quizás el único problema que veo en esta producción: los cantantes y bailarines hacen un trabajo tan perfecto que ahora me siento en la obligación de escribir líneas y líneas de aclamación dedicadas a cada intérprete. Utilizará una excusa barata y diré que es por culpa del estilo de escritura en Internet que debo resumir esta parte. Ricardo Alfonso (cuya interpretación supone su regreso a los escenarios tras tres años recuperándose de un problema en la garganta), muestra un increíble control de una impresionante técnica vocal. Lo conocemos por primera vez en el rol de Judas, a través de su rabioso y preocupado solo Heaven On Their Minds (probablemente una de las versiones más apasionadas e intensas de uno de mis musicales rock favoritos), y desde ese momento, se convierte en una cara que no quieres perder de vista.

La calma llega a continuación con la aparición de Rachel Fabri, con su performance dulce y melancólica (aunque llena de actitud) de I Don’t Know How To Love Him. No importa si es una actuación en solitario, simple y poderosa, o un complejo número de baile, la energía nunca baja durante este viaje de casi dos horas por algunas de las mejores composiciones de Andrew Lloyd Webber, Elton John o Queen, entre otros. Judy Khun actúa con la belleza y elegancia que siempre han caracterizado su carrera, mientras que Adam Pascal (con 48 años) ha demostrado que su voz roquera y juvenil es un talento al que no está dispuesto a renunciar.

Una mención especial la merece el maravilloso contraste que podemos ver entre los temas de Evita, Buenos Aires You Must Love Me. El primero presume de la asombrosa capacidad y experiencia del ensamble (recordemos que este show se ha ensayado en tiempo récord), además de la estupenda presencia escénica de Debbie Kurup: tan solo ha de pisar el escenario para que el público luche por no poner en pie y aplaudir. La intensidad va sucedida por la silenciosa pasión de Emma Kingston, quien con apenas ningún movimiento es capaz de proyectar y compartir miles de emociones con el público, completamente callado por su conmovedora interpretación.

Pero esta crítica no estaría completa si no hablásemos de los dos presentadores con los que fuimos bendecidos (sí, bendecidos) durante la velada. Una vez más, Tim Rice (no hace falta presentación) ha vuelto a hacer un buen uso de su conocido encanto, que combinado con que él ha creado muchas de las canciones que oímos durante el concierto, hizo del evento un digno representante de la palabra “especial”. Por su lado, Christopher Biggins (una rostro familiar para cualquier amante del entretenimiento británico) es un añadido simpático y cercano que complementa la elegancia natural de Tim. Un tándem perfecto para un montaje perfecto.

Y aunque uno de sus mayores atractivos era que esta producción es, como el propio Hugh Wooldridge afirmó en mi entrevista, “una oportunidad única en la vida”, sería muy cruel por su parte no traer este espectáculo de nuevo a Londres, tanto para los que ya lo hemos disfrutado como para los que quieren vivir la experiencia por primera vez. Por supuesto, una mente tan creativa como la suya se negará a hacer exactamente lo mismo, así que imagino que el próximo año nos esperan más sorpresas y un repertorio totalmente nuevo. En cualquier caso, si su título empieza por ‘The Best of…’ y el nombre Hugh Wooldridge aparece en el cartel, esa es una apuesta que no puedes dejar pasar.

By Guillermo Názara