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Los jueves y viernes por la noche, el Soho Club Teatro de Madrid se impregna del misterio y el suspense que tan solo pueden surgir en la mente del mayor genio de este género. Pero si con Hitchcock uno se agarraba a su butaca presa del pánico, deseando que esta tensión acabara de una vez por todas, los ataques que uno puede sufrir mientras ve esta obra son… un poquito diferentes. Guillermo Názara charla con Jordi Ríos y Mónica Pérez, protagonistas de Hitchcock, la comedia, una divertidísima parodia en la que hasta el más despiadado asesino puede convertirse en tu mejor aliado para reír.

¿Cómo surge la idea de crear este espectáculo?

JR: Todo nace gracias a trabajar con Mónica Pérez. De hecho, el texto es de ella. Como si se tratara de una carta de Reyes, ella me pidió llevar a cabo este proyecto. Yo hace años había hecho una versión teatral, y de humor, de los 39 escalones de Hitchcock, y me parecía un concepto muy divertido. No se parece mucho, son más bien como primos-hermanos. En la otra obra, partíamos de un texto real, mientras que aquí es un homenaje a todo el universo hitchcockniano. A partir de ahí, Mónica se puso manos a la obra y escribió HitchcocK, la comedia.

¿Por qué hacer una comedia dedicada al genio del misterio?

MP: A nosotros siempre nos ha encantado Hitchcock. Siempre hemos pensado que aunque haga suspense o thriller, tiene mucho humor, aunque sea muy negro. Lo veíamos sobre todo en las series, en su forma de empezar, que siempre incluía pequeños gags. Al verlo, llegas a la conclusión de que este señor tiene su propio mundo cómico. Como a los dos nos gusta tanto, y Jordi además había estado en 39 escalones, queríamos hacer este homenaje. Pero no queríamos centrarlo en una sola obra de teatro para no estar ceñidos a un texto, sino utilizar todo su universo y aprovechar para hacer un vodevil con él, ya que es un género que nos encanta y se está perdiendo. Lo que hemos conseguido es un espectáculo de este tipo con solo dos actores, pero con muchos personajes. Todos ellos transcurren en un mismo hilo argumental, que es como si fuera una película de Hitchcock, pero no hace falta conocer su obra para disfrutar de este montaje. Si lo conoces, es evidente que detectarás muchos guiños, pero si no, disfrutarás igualmente de una comedia desternillante.

¿Cómo se convierte al mago del suspense en el mago del humor?

MP: Nosotros somos cómicos, y eso afecta a todo lo que tocamos. De hecho, solo hay que cruzar una línea para pasar del drama a la comedia. Probablemente se debe a cómo lo haces, aunque es cierto que este texto en concreto está pensado para hacer reír. Pero nosotros lo que hemos hecho es inventar esta historia con el estilo de sus thrillers, pero con humor. La trama gira en torno a un chico que es director de cine y al que se le aparece el propio Hitchcock para ayudarle a filmar su corto. El tema de su ficción es que el asesino de mujeres de menos de dos calles de aquí está a menos de dos calles de aquí; ya es una trama con connotaciones muy absurdas.

Dos actores, pero muchos personajes y grandes cameos. ¿Será el público parte de ese elenco?

MP: No. Al principio queríamos dejarlo un poco en suspense para que el público fuera partícipe. Aunque yo vengo de la escuela cubana, en la que actores y espectadores trabajan, es cierto que a nosotros no nos gusta que nos saquen al escenario cuando vamos a ver una obra. Así que lo que hemos pensado es que el público participe, pero sentado y de forma colectiva. El público es protagonista de la obra siempre, pero no tiene que subir al escenario. Por otro lado, los cameos son para el cortometraje que rueda el protagonista, y son caras totalmente reconocibles para el público.

Sin embargo, sí habrá interacción con el público…

JR: Sí, pero muy sutil. El público actúa de una forma muy pasiva en este montaje. Más bien se involucra al público, en lugar de hacerlo cómplice.

MP: Es un espectáculo en el que rompemos la cuarta pared. Hacemos que los espectadores estén integrados con nosotros. Los hacemos protagonistas.

¿Dará pie a la improvisación?

MP: Es un texto muy cerrado, con un ritmo muy trepidante que apenas deja lugar a la interpretación. Pero lo cierto es que a los dos nos encanta improvisar, y además, en el momento que rompes la cuarta pared y dejas que el público hable si quiere, das la oportunidad de que surja cualquier cosa. Es ahí cuando nosotros metemos nuestras improvisaciones, ya nos dé un ataque de risa o el público nos hable (que siempre les contestamos). Pero es cierto que como tenemos que sincronizarnos con una pantalla, es muy difícil.

Aunque su participación sea mínima, ¿cuánto cambia una función cuando se involucra el público?

MP: Yo he trabajado en muchos teatros en Madrid. Cuando estábamos con esta obra en Barcelona, recuerdo que le comenté a Jordi: “cuando lleguemos a Madrid, lo que te responden en Cataluña, es 12 veces más potente”. Aquí lo vivís más, sois un público mucho más agradecido. Eso da pie a que pasen más cosas, porque la reciprocidad es mayor. De hecho, aquí dura más. Desde que estamos en Madrid, dura unos 6 o 7 minutos más.

¿Qué única razón me darías cada uno para venir a ver esta obra?

MP: Es una comedia muy original que no existe actualmente en Madrid, y que no deberíais dejar que os la contaran.

JR: Una hora y media en la que aparcarás tus penas porque te ríes mucho. Es algo comprobado, no es una ilusión ni un deseo. La gente se descojona.

Por Guillermo Názara