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Cada jueves y viernes de mayo, el Soho Club Teatro Madrid nos propone resolver un inquietante misterio en el que nada es lo que parece… ni siquiera su intriga. Guillermo Názara nos cuenta su visión sobre esta comedia protagonizada por Jordi Ríos y Mónica Pérez, en la que las atrocidades cometidas por un despiadado asesino en serie serán el motivo perfecto para pasar el mejor rato.

La oscuridad se apodera de Madrid mientras una gélida ráfaga de viento inunda la ciudad. Cientos de personas recorren sus calles ajetreadamente, absortos en sus preocupaciones, ignorando los horrores que se ocultan en una pequeña sala situada en un edificio del centro. Ahí, en el primer piso, a unos 39 escalones de Plaza de España, resurge el fantasma de quien en su día maquinó los crímenes que más conmocionaron a la sociedad, preparado para urdir un nuevo plan. De repente, las luces se apagan, y un silencio sepulcral invade el lugar… Una terrible serie de asesinatos se ciernen ante nosotros. Una mujer grita presa del miedo… Y uno no puede hacer otra cosa que reír…

Cuando conversaba sobre esta obra con Mónica Pérez, co-protagonista y autora del guion, me comentó que la línea entre el drama y la comedia es muy fácil de cruzar. Estaba en lo cierto. McGuffin es un grandísimo ejemplo de cómo la trama más inquietante fácilmente se puede convertir en un festival del humor. Ambientada en un pequeño cine de barrio, y liderada por dos personajes para los que el talento no es su mejor carta de presentación, el montaje parodia, como solo lo saben hacer sus intérpretes, el estilo y recursos que convirtieron a Alfred Hitchcock en un maestro inigualable tanto del cine como de su propio género.

Aunque el comienzo es suave, tan solo hay que dejar pasar unos minutos para que estalle la primera risa colectiva, de la que es difícil no contagiarse. Se abre la veda y desde ese momento, el público se compromete a hacerse notar, y ni siquiera se tomará 5 minutos de descanso. Los aplausos cierran cada escena, algunos de ellos incluso acompañados de algún piropo, y uno se pregunta cuál es la clave para conectar con los espectadores. Claramente, la trama ayuda (me moría por saber la identidad del Asesino de Mujeres de Dos Calles de Aquí… y de cómo -y cuándo- se les habría ocurrido el nombrecito), pero el verdadero mérito lo tienen sus actores, para los que el humor es algo de lo que simplemente no se saben desprender.

Simpáticos cameos, una enorme capacidad de improvisación y una escenografía tan sencilla como acertada (nunca imaginé que un cadáver cupiera en tan poco espacio), Hitchcock, la comedia simplemente no decepciona y nos recuerda los buenos momentos que Jordi Ríos y Mónica Pérez, tanto juntos como por separado, nos han regalado durante tantos años, casi siempre en la pequeña pantalla. Si el teatro sirve para olvidarnos de nuestros problemas, aunque sea solo sea por un momento, Hitchcock, la comedia es una buena opción para cumplir esta expectativa. Cada jueves y viernes a las 22:30 h en el Soho Club Teatro Madrid. (4/5 *).

Por Guillermo Názara