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Monstruos horripilantes, tétricos laboratorios y un sombrío viaje por la inquietante Transilvania. Quizás no son los ingredientes más apropiados para una comedia convencional, pero sí para una de las más famosas en la Historia del cine, y ahora también, del teatro musical. El Teatro EDP de Madrid acoge la versión española de El Jovencito Frankestein, el gran clásico de Mel Brooks, que ha sido una de las mayores apuestas de esta temporada. Duar Martín nos cuenta su visión sobre este espectáculo, que convierte en humor canalla una de las historias de terror más conocidas de todos los tiempos.

Un cachito de Bradley Cooper, otro de Ryan Reynolds, un trocito de Chris Pratt, los brazos de Chris Hemsworth… ¡ah! Y todo lo que se pueda de Ryan Guzman. Imagino que este sería “el monstruo”, si la novela escrita por Mary Shelley en 1818 se hubiera escrito en el siglo XXI. “Mucho más comercial”, le habrían dicho los editores. Hace años escuché que en los centros de estética de Italia se demandaban las nalgas de Antonio Banderas, así que lo que digo no se aleja demasiado. What If tuvieras la oportunidad de combinar los trocitos de los protagonistas de tus fantasías más íntimas? Seguro que Cheminova se convertía en el regalo del año.

El Jovencito Frankenstein no es nada que no pretenda ser. O eso creo yo. Let’s Go, también productora de la adaptación en España del musical La Familia Addams, parece haber encontrado un nicho: un público con ganas de humor gamberro donde la música es un elemento más que, como poco, no les molesta. Además, sin que los costes de producción se disparen. Una fórmula, la del humor, que se podría explotar más como estrategia de marketing, aunque intuyo que por ahí van. Espero algún día dejar de ver los “Una comedia musical de Mel Brooks” o “Una comedia musical de Broadway” (La Familia Addams) como claims de este tipo de musicales. Una pérdida de espacio para comunicar algo que conecte mejor con el público local. ¿Incluidos por petición de los dueños de los derechos? Posible.

“El musical más divertido de la temporada” dice la creatividad de este musical en mi calle. Sin haber visto toda la oferta de la temporada en España me atrevo a sumarme a la afirmación. El musical consigue no quitarte la sonrisa de la cara desde el comienzo hasta el final. ¿El mérito? Un guion muy bien adaptado y unos personajes con los que te quieres ir a tomar algo al terminar el musical. Marta Ribera (Elizabeth Benning), Jordi Vidal (Igor), Cristina Llorente (Inga), Teresa Vallicrosa (Frau Blücher) hacen un trabajo fantástico. Están donde tienen que estar. El riesgo de estos papeles es que parezcan caricaturas de sí mismos por lo exagerado de la interpretación. Aquí ellos dan con la “dosis”.

Esto no va solo de teatro. Aunque pueda pensar que a gran parte del nicho que ha encontrado Let’s Go la música no les pueda parecer relevante (qué pena), disfrutar de una música con ese gustillo al Broadway de revista más clásico, muy del autor, es una gozada. En momentos era como estar viendo uno de esos clásicos del cine que uno tiene casi olvidados. Si antes me refería a las destacadas interpretaciones de los actores, también hay que reseñar unas voces que satisfacen a los del nicho, y a los que están fuera de él, por su calidad.

Me gusta ver teatro musical que acerca el género a un público más amplio. Hay que conectar con nuevas audiencias, hablándoles en su idioma. Muchas grandes producciones acaban gustando solo a los más asiduos y eso, a veces, no se lleva bien con la rentabilidad. Tal vez no estamos ante la PRODUCCIÓN de la temporada, pero sí delante de “El musical más divertido de la temporada”.

Damas y caballeros, ¿y quién no es el resultado de terceros? El Jovencito Frankenstein… Pasen y vean.

Por Duar Martín