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¡Estamos de celebración! Nuestra revista cumple cuatro años (¡que se dice pronto!) y queremos compartir nuestros recuerdos con todos vosotros. Pero al igual que en el espectáculo, sacar adelante un medio es una tarea extremadamente complicada, y es muy fácil abandonar durante el camino. Es por ello que hoy os hemos preparado una publicación muy especial, en la que hablamos de nuestros orígenes y qué hay detrás de nuestra trayectoria, en la que cada día hemos cumplido un sueño.

Long ago, it seems so long ago… La historia de Primera Fila y yo guarda más parecidos con la de Raoul y Christine en El Fantasma de la Ópera de lo que a primeras podría parecer. Al igual que en el musical que ha cautivado hasta a los no-amantes del género (que irónicamente cumple años en Broadway tan solo unos días antes que nosotros), mi relación con este medio ha sido casi romántica, nacida en la infancia (en mi caso, mi etapa universitaria) y con los años, convertida en un amor imborrable en el tiempo.

Sé que frases del tipo “poco imaginaba cuando empecé” o “¿quién me iba a decir a mí?” se utilizan con demasiada frecuencia; quizás la realidad de esta revista, al menos en sus inicios, ha sido un poco cliché. Pero lo cierto es que mentiría si, yendo de humilde, afirmara que nunca había soñado con lograr algo así, con tantas productoras y agencias de comunicación confiando en nosotros para difundir la actualidad teatral, compartir nuestras opiniones sobre sus espectáculos o crear reportajes tanto de nuevos montajes como de los que han hecho Historia.

Sí, soñaba con ello, pero durante meses pensé que me había puesto una meta irrealizable. Comencé persiguiendo a varios actores de musicales para entrevistarlos (sin ninguna experiencia previa, pero había que lanzarse a la piscina). Los principios siempre son duros, y este caso no fue una excepción: convencer a gente que no te conoce de nada para que inviertan su tiempo en ti suele ser una apuesta de riesgo, pero la amabilidad de los actores era algo que desconocía en aquel momento.

No obstante, no es fácil intentar sacar un medio adelante cuando nadie te proporciona información y todo lo que publiques depende exclusivamente de lo que a ti se te ocurra. La tentación de abandonar vagaba constantemente por mi cabeza. Sin embargo, algo me decía que debía continuar. Y alguien, también. Porque esta revista nunca habría sido posible sin el constante apoyo de Duar Martín, quien confió en su potencial desde minuto 1, siempre animándome a continuar, y cuyas críticas han sido uno de los grandes pilares de Primera Fila (y seguramente, la sección más querida).

Fue en verano cuando, de repente, todo empezó a cuajar: varias productoras y agencias se habían puesto en contacto porque estaban interesadas en colaborar con nosotros. ¡No me lo podía creer! Al fin, el esfuerzo de tantos meses estaba dando sus frutos. Llegar hasta ese punto no había sido nada fácil: subir contenido de forma regular era -y sigue siendo- algo muy esclavo, sacando tiempo de debajo de las piedras, a menudo sacrificando horas de sueño y buscando la creatividad en rincones de mi mente que hasta ese momento desconocía. Pero no importaba, había logrado mi meta, y lo mejor de todo es que tanto solo era el comienzo.

En cuestión de meses, ya trabajábamos con los grandes teatros y productoras, la audiencia seguía subiendo, y yo estaba cumpliendo una de mis mayores ilusiones: sentarme a conversar con los mayores actores de este país, conociendo en persona a gente que admiraba desde mi niñez y que hasta entonces consideraba inalcanzables.

Este año ha tenido lugar mi última gran locura: internacionalizar el medio. Al igual que la revista, la idea surgió de la forma más casual -y convencido de que seguramente no saldría-: ¿y si hacer un pequeño reportaje para celebrar el 70 cumpleaños de Andrew Lloyd Webber? ¡Perfecto! Pero en vez de incluir solo una biografía, ¿y si sus más allegados se reunieran para felicitarle? Un poco complicado…

Solo tenía un mes para gestionarlo (las mejores ideas siempre llegan a última hora), pero valía la pena intentarlo. Lo que no me esperaba, es que gente de la talla de Bonnie Tyler formaría parte de él, o que Nicholas Lloyd Webber (su propio hijo) se ofrecería proactivamente a participar, o que la propia Really Useful Group -más concretamente, la agente personal del compositor- me escribirían para agradecerme ese reportaje. Poco después nos pondríamos con el documental de Wicked, una tarea agotadora (más de dos meses de trabajo), pero que igualmente mereció la pena, aunque solo fuera por escribirle un pequeño guion a la genial Kristin Chenoweth, y porque ahora varias agencias del West End se han convertido en colaboradores.

Sí, cuatro años dan para mucho, pero es difícil predecir que tantas cosas pueden llegar a ocurrir en un periodo tan corto. Me gusta pensar que ha sido el esfuerzo y la pasión por este arte la que nos ha hecho llegar hasta aquí. Nuevas aventuras nos esperan (ya estamos trabajando en ellas, aunque de momento no podamos revelar nada), pero hoy toca detenerse por un instante y mirar atrás, porque el camino que hemos hecho junto a todos vosotros ha sido muy largo, y esperamos que continúe por muchos años más. Porque sin todos vosotros, nuestro esfuerzo no habría valido la pena, y es vuestro apoyo el que ha logrado que hoy estemos donde estamos. Por eso este éxito es tan vuestro como nuestro. Gracias de todo corazón. Y como siempre decimos, porque sabemos que siempre nos hacéis caso: Keep living for theatre!

Por Guillermo Názara