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Tras su éxito en West End y Broadway, la obra basada en el best seller internacional aterriza en el Teatro Marquina de Madrid, donde se representará hasta mediados de octubre. Guillermo Názara nos cuenta su visión sobre este nuevo montaje, que supone una de las producciones más ambiciosas de esta temporada.

No es la primera vez que una obra alabada por la crítica extranjera resulta, cuanto menos, decepcionante cuando se convierte en producto nacional. Bien porque los actores no están altura, bien porque la puesta en escena es muy inferior a la original -y en unas cuantas ocasiones, por una sólida combinación de ambos factores-, los montajes teatrales que se refugian en el éxito foráneo generan casi tanto escepticismo como la credibilidad de un reality show. Pero a veces las obras te sorprenden más allá de su argumento, cuando tras sentarte en la butaca, tus peores temores se desvanecen, y te invade esa agradable sensación de que en Madrid las cosas se pueden hacer muy bien.

Y para los que pidan un ejemplo, les aseguro que El Curioso Incidente es el mejor que podrán encontrar en años. La temporada no ha hecho más que empezar, pero no me cabe la menor duda de que esta obra será la gran vencedora de todas las producciones de teatro hablado. Con actuaciones memorables y una puesta en escena sublime, este montaje es realmente una pequeña joya, pulida a través del talento y, sobre todo, del cuidado y el esfuerzo. Todo ello ha dado como resultado una producción que genera el mismo hormigueo que cuando uno visita un teatro por primera vez, con decorados, transiciones y coreografías tan bien diseñados que te recuerdan por qué hay cosas que solo funcionan sobre un escenario.

Fotografía: David Ruano

La otra gran estrella de la noche es, por supuesto, su protagonista, Álex Villazán. Su interpretación saca a relucir la pasta de la que está hecho este joven actor que pisa las tablas con mucha fuerza. Más allá de sus convincentes gestos como autista, hay que destacar la forma en la que encarna al personaje, logrando que pese a sus peculiaridades, nos cueste mucho separarnos de él cuando llega el final de la obra. Por su parte, la imponente actuación de Marcial Álvarez también merece una mención especial, al dar vida a un padre que, pese a que pierde los estribos con facilidad, está dispuesto a hacer lo que sea por su hijo.

No estamos hablando de una producción perfecta, sin embargo, aunque es cierto que sus errores se pueden corregir más o menos rápido. En primer lugar, la interpretación de la narradora se ve algo forzada y poco convincente, sobre todo al principio de la trama, donde es imprescindible que la actuación sobresalga para que el espectador conecte en seguida con la historia. Por otro lado, la puesta en escena está ligeramente desaforada: a un mínimo que te alejes del centro de la platea, puedes ver a los regidores y a los artistas yendo a sus camerinos, algo que a menudo distrae del  universo tan bien construido para la obra (nada que no se pueda arreglar con dos telones negros que nadie mueva durante la representación).

Pero en resumen, El Curioso Incidente es una ráfaga de optimismo, que demuestra que en esta ciudad la calidad también es una prioridad. Después de un logro así, es posible que, al igual que el protagonista al final de la historia, la compañía se pregunte si “eso significa que pueden hacer cualquier cosa”. Mi respuesta es un rotundo “sí”.

Por Guillermo Názara