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Un piano, una guitarra y un actor. ¿Puede una escenografía tan sencilla hacernos explorar los lugares más recónditos de Argentina? Guillermo Názara nos cuenta su visión de Tocando al frente, un “casi monólogo” escrito e interpretado por Llorenç González, con el que el actor nos ofrece una forma diferente de explorar el mundo.

Dicen que andar es imprescindible para mantener la forma. Desde luego, Llorenç González no lo pone en duda. En todo caso, lo convierte en su religión. Porque lo que está claro es que sus viajes se resumen fácilmente en una palabra: “andar”. Un andar que más allá de buscar un destino, deja que el destino se le aparezca; que traza sus propias rutas prescindiendo de las que siguen los demás; y que hace que los momentos más mágicos surjan de la casualidad más anodina.

Tocando al frente es precisamente un homenaje a esa actitud intrépida, pero también una reflexión personal y profunda, y un canto a la sensibilidad. Cierto que su visión del mundo y del comportamiento humano no siempre es compartida, pero eso no impide que la historia te seduzca, y sobre todo, que te transporte. Porque si hay algo que destacar de este montaje es su destreza para pintar escenarios y sumergir al espectador en ellos.

La clave de una atmósfera tan envolvente: un texto escrito con gusto y un discurso repleto de matices. Y es que la voz de Llorenç González es un verdadero portento. Muy cerca de volverse hipnótica, casi logra emocionar con descripciones de elementos tan obviados como una montaña. A ello se le suman numerosas anécdotas que cobran vida a través de la palabra. Tocando al frente es en realidad una novela  cuyo narrador ha saltado al escenario; eso sí, los que se sienten en primera fila, cuídense de formar (o no) parte de una de sus historias.

Y por supuesto, no me olvido de la música. Hasta la aventura más emocionante se vería incompleta sin una buena partitura que la apoyase. En este caso, asume un rol más importante que el de un mero acompañante, convirtiéndose en protagonista de algunos de los momentos más atractivos de la obra. A los más musicaleros les gustará saber que se les ha tenido en cuenta; no hace falta especificar cómo.

Tocando al frente es un “casi monólogo” que nos muestra una forma diferente de conocer el mundo, quizás ya conocida, quizás ya contada, pero sin lugar a dudas entretenida y sutilmente conmovedora. En resumidas cuentas, se trata de una aventura en la que hay que embarcarse.

Por Guillermo Názara