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Un matrimonio al borde del precipicio. Una familia a punto de desmoronarse. Y un patriarca autoritario que lucha por controlar cada aspecto de sus vidas. Juan Diego regresa a los escenarios con Una Gata sobre el Tejado de Zinc Caliente, la obra maestra de Tenessee Williams, que desde finales de marzo se representa en el  Teatro Reina Victoria de Madrid. Guillermo Názara conversa con el actor sobre esta nueva producción, que explora el lado más oscuro de la naturaleza humana.

Hace 30 años se estrenó en este teatro la primera versión española de La Gata sobre el Tejado. ¿Qué supone volver con esta obra al Reina Victoria durante su centenario?

Es muy emotivo. De hecho, la primera actuación profesional que yo hice fue precisamente en el Reina Victoria. Al subirme a su escenario me invaden muchos recuerdos. Volver con esta obra, después de haber visto la película, supone para mí defender un texto que desde siempre he sabido que era para nosotros. Cuando La Gata llegó por primera vez a España estaba censurada; ni siquiera se podía citar el título completo (era impensable incluir la palabra “caliente”). Desde su estreno original, a mí siempre me ha atraído el papel de Brick, que en la película interpretaba Paul Newman. Pero cuando Amelia Ochandiano, nuestra directora, me ofreció el rol del patriarca, me intrigó tanto su forma de ser que de inmediato me puse a trabajar con ella. Además, ha encontrado un elenco cojonudo que funciona muy bien. Cuando haces teatro, el elemento humano es algo imprescindible, y gracias a él me ha apetecido tanto esta aventura.

Esta versión ofrece una lectura revisada de la obra original. ¿Qué tiene de nuevo?

Amelia ha utilizado fragmentos de la película que no estaban en la producción original de Broadway, concretamente una escena con el patriarca en el tercer acto que no estaba. Existía otra, pero era como de chiste; hablaba sobre la trompa de un elefante, pero con doble sentido. En esta versión, el patriarca aparece para cantarle las cuarenta a todos sus invitados; les explica de dónde viene y cómo se convirtió en el hombre que es.

La Gata es un viaje por los conflictos internos de sus personajes. ¿Cuál es el que encierra el patriarca?

Tiene uno de raíz: es un hombre que cuando pelea, ha de vencer por encima de todo. Se mueve por la codicia y la ambición; para él, lo que cuenta es el dinero y no las personas. Por otro lado, aunque tiene una familia aparentemente modélica, esta se resquebraja a la primera de cambio. Cuando se descubre que mi personaje tiene cáncer y puede desaparecer, empiezan los problemas entre todos. El conflicto radica en cómo armonizar su familia y darle a cada uno lo suyo, cuando de repente afloran inconvenientes que él nunca se había imaginado.

Otro de los temas de esta obra es la homosexualidad encubierta…

Creo que en este caso es algo muy ambiguo. No es blanco o negro. En lugar de una relación sentimental, el lazo que une a Brick (mi hijo en la obra) y a su amigo podría ser la de dos grandes amigos; aunque por supuesto se profesan un amor muy puro. La gente también se puede querer fraternalmente, aunque no haya lazo de sangre. En esta versión, el patriarca acepta esta relación e incluso riñe a Brick por no ayudar a su amigo cuando este lo necesitaba. Pero por supuesto aquí surge otro conflicto, y es que La Gata, que es la mujer de Brick, se acuesta con su mejor amigo para darle celos a su marido.

¿Cómo ha evolucionado la producción durante la gira?

Es impresionante. En algunas ciudades hemos hecho varias funciones y nunca tiene que ver una con la otra. Cuando el teatro se basa tanto en los sentimientos, en cada representación cambia mucho lo que ocurre. Aunque suceda lo mismo, las emociones surgen, fluyen y se confrontan de otra manera. Es un espectáculo vivo: se puede repetir, pero si actúas de verdad, te mueve el instinto.

¿Por qué hay que ir a ver Una Gata sobre el Tejado de Zinc Caliente?

Es acercarse al texto de un autor contemporáneo y que representa un conflicto latente que sigue presente en nuestra sociedad. Y sobre todo, porque el que venga se lo pasará muy bien, incluso sufriendo.

Por Guillermo Názara (@MrNazara)