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El pasado 9 de marzo un reluciente Teatro Coliseum daba la bienvenida oficial al reestreno del musical Mamma Mia! Uno de los ya grandes clásicos de los musicales, creado en 1999 en el West End londinense. Duar Martín viaja a la Grecia recreada en este musical para darnos su visión de esta vuelta a los escenarios.

Cada cinco minutos se rompe una pareja en España, anunciaba un informe acerca del nuevo modelo de familia y encendía un debate sobre las parejas con compañeros de trabajo hace pocas semanas. “Es que ahora la gente no aguanta nada”, salía la frase. ¿Aguantar?, me pregunto yo… ¿a quién?, ¿por qué?, ¿el qué?… ¿El amor es aguantar al otro?, ¿de verdad?… ¿Aguantar es el verbo? Llamadme optimista, pero creo que el dato es positivo: centenares de miles de personas solteras, cuando antes a los cuarenta te quedaba ser la “solterona” de la familia o meterte a hacer bollitos en un convento. Además, el otro factor positivo es que ahora las mujeres son más felices. En décadas pasadas la “enamorada”, es decir, la que aguantaba, generalmente, era ella. Afortunadamente, en los últimos tiempos, nadie tiene que aguantar a quien no le merece, y si un hombre no sabe what a woman wants, ella es libre e independiente para no seguir “enamorada”.

Mamma Mia! tiene de aburrido lo que tiene de novedoso. El musical jukebox más icónico y de más éxito. Con este musical se creaba por primera vez una historia a una música y no al revés. Grandes hits junto a una historia fácil, positiva, universal y muy divertida. Las voces del ensemble empastan francamente bien, y la energía y coordinación de los bailarines es tan profesional como rara de encontrar en España. Especialmente destacable Voulez-vous. Es un musical agradable, sencillo y con el que te vienes arriba. A veces he pensado que todo lo que ocurre antes del final sobra porque es donde mejor me lo paso.

Pero hay algo que empieza a no gustarme de los ya clásicos. Cuando llevas al teatro de nuevo un musical como este se deberían revisar ciertas cosas. Los musicales clásicos deben hacer cambios, siendo fieles a la esencia, si no a la larga no envejecerán bien. En Mamma Mia!, por ejemplo, la obertura y el entreacto me aburren. ¿Qué hago en 2017 mirando al escenario sin ver nada y escuchando música? Minutos perdidos en la Era del vídeo mapping. Los espectadores están educados a nuevos lenguajes de entretenimiento, así que debemos hablarles en su idioma, si no, antes o después no nos van a entender.

Ahora hablemos de la Mamma Nina!… ¡Qué VOZ! Cuando vi a Nina interpretar a Donna en el mismo, y menos reformado, teatro hace años ya me recordaba a cuando en marketing tenemos una gran idea, una gran estrategia y luego ves la implementación y dices: “puuuff pues va a ser que no”. Mi pequeña voz se une al clamor popular: sobreactúa. No te la crees por mucho esfuerzo que hagas, por eso el final del musical me gusta tanto. Igual de increíble es que Sophie sea hija de Donna. Será verdad que la genética a veces es caprichosa.

Este musical no está a la altura de la música de Björn y Benny. No es espectacular (cada vez lo será menos al ojo de los espectadores, como no lo actualicen los creadores), pero funciona por la comicidad, las coreografías y la MÚSICA.

¡Ah! No quiero terminar, como ya he hecho otras veces, sin saludar a los dos operarios que, auriculares en cabeza, salieron a retirar la escenografía en pleno número musical. Haré como que no lo he visto.

Damas y caballeros, ¡ABBA que ir al teatro! Mamma Mia!… Pasen y vean.

Por Duar Martín (@DUARAUD)