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La obra más exitosa de Jordi Galcerán regresa por cuarta temporada al Teatro Maravillas de Madrid, con un elenco renovado por primera vez en toda su trayectoria. Guillermo Názara conversa con el actor sobre esta producción que, entre muchas risas, reflexiona sobre el materialismo y la pasividad de nuestra sociedad.

Después de tres temporadas de éxito en Madrid, sois el primer elenco que sustituye al original. ¿Supone alguna responsabilidad añadida?

Carlos Hipólito y Luis Merlo han hecho un trabajo muy bueno; han logrado mucho reconocimiento e incluso ganado varios premios. Por supuesto que hay cierta responsabilidad, pero también hay cariño a la hora de acercarse a este texto y abordarlo desde una forma diferente, y ofrecer una nueva visión que el público pueda disfrutar. Cada elenco siempre es diferente, siempre hay cosas nuevas. Esta es una nueva producción, una nueva historia y una nueva manera de afrontar esta obra tan maravillosa.

Entonces rompes con las interpretaciones anteriores de tu personaje…

Exacto. De hecho, no hemos investigado nada. Es cierto que he tenido la suerte de ver la función, pero cuando vas al teatro vas a disfrutar, no recuerdas exactamente cómo lo hicieron tus compañeros. Nosotros hemos afrontado la situación tal y como nos ha venido con la ayuda de Gabriel Olivares, nuestro director. Estamos muy contentos con el resultado.

Un hombre al que le niegan el crédito que tanto necesita. Es curioso que un argumento tan dramático sea una comedia…

Siempre se ha dicho que la comedia es la tragedia de otra persona. En este caso, se plantea una situación bastante complicada: un hombre desesperado al que el banco le niega la ayuda que necesita. Lo que hace mi personaje es llevar esta circunstancia por un camino totalmente diferente, a través de un mundo de sentimientos y humanidades. Así es cómo consigue bajar al banquero de ese pedestal de las finanzas al que está subido; los bancos nos imponen una jerarquía muy absurda, a fin de cuentas somos nosotros los que les damos el dinero. Cuando mi personaje logra sacar al banquero de esa jerarquía, empieza la comedia: los dos están a la misma altura. Ese juego de quién engaña a quién es precisamente lo que produce que el patio de butacas se vuelva loco, y nosotros también sobre el escenario porque hacemos muchas locuras.

¿Ofrecéis una crítica de la sociedad por materialista?

Sin duda. He oído que el autor Jordi Galcerán, harto de oír tantas veces la frase “no hay crédito”, comenzó a escribir esta comedia. Yo mismo he vivido esta situación durante los ensayos; y de hecho, cuando comience la obra y los espectadores vean la imagen de un hombre sentado en la mesa del director de un banco, van a pasar por sus cabezas muchas cosas que les han ocurrido en la vida real. Estamos muy acostumbrados a agachar la cabeza y aceptar todos las cosas que nos vienen. Hay veces que nos podríamos plantear otras situaciones, y es lo que ocurre en esta obra. De hecho, mi personaje irá dando informaciones muy sutiles de las que quizás uno no se percate en el patio de butacas, pero cuando llegue a su casa y reflexione con la almohada se dará cuenta de la razón que tienen ambos personajes.

Aunque Antonio, a quien interpretas, pueda parecer muy desdichado al principio, en realidad guarda varios ases bajo la manga…

Es un gran humanista, una de esas pocas personas que creen que un apretón de manos es suficiente para formalizar un compromiso. Ya no estamos acostumbrados a ese tipo de personas hoy en día, ahora lo único que nos da garantía es que alguien tenga avales. Es curioso: los bancos nos dan dinero cuando tienes dinero y cuando no lo tienes, no te lo dan. Antonio es un personaje muy lindo, porque es un juguetón, y como se siente amenazado, utiliza toda su sabiduría para contraatacar.

¿Por qué hay que venir a ver El Crédito?

Es un texto fundamental. En estos últimos años es el de mayor éxito, y eso ya es una garantía; además de estar escrita por Jordi Galcerán. Aparte vamos a estar dos payasos sobre el escenario, que hemos dedicado toda nuestra vida a hacer reír a los demás. Y porque es necesario ir al teatro para que nos depure el espíritu y el conocimiento.

Por Guillermo Názara (@MrNazara)