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El próximo viernes 17 de junio, Antonia San Juan pisará las tablas del Teatro Nuevo Apolo en el estreno de Mi Lucha, su cuarto espectáculo unipersonal en el que la intérprete se meterá en la piel de quince personajes. Guillermo Názara conversa con la artista sobre su nueva obra, de la que en esta ocasión es también productora y coautora; donde la actriz hablará sin tapujos sobre los temas más polémicos y nocivos de nuestra sociedad.

¿Qué tiene el teatro que solo él te permite contar todo lo que quieres?

Es el lugar donde no hay censura. Hoy en día vivimos la peor de las censuras: en el resto de medios, por ejemplo en el cine, actúas bajo las órdenes de otro. En realidad, es una paradoja, porque en la televisión te encuentras cosas que te resulta sorprendente que se puedan emitir. Y sin embargo, no estás autorizado a meterte con ciertas instituciones como la Iglesia o la familia; tienes que ir a favor de ellos.

¿Por qué esa censura no existe en el teatro?

En mi caso, porque a la gente le gusta verme en el escenario; y les gusta ese punto punkie que yo tengo. Digo lo que me da la gana y a la gente le hace gracia escucharlo. Creo que es el proceso de subirse durante muchos años al escenario. La gente viene a verte a ti y no a la obra. Ríen, lloran, se enfadan… Pasan por una noria de emociones. Por otro lado, es mi cuarto espectáculo unipersonal, por lo que el espectador sabe por dónde van a ir los tiros: sabe que voy a estar sola en el escenario y que en algún momento soltaré algo que le hará reír y algo que le dará ganas de llamarme “hija de puta”.

En la función te metes en la piel de 15 personajes totalmente distintos. No obstante, una parte de ti se esconde tras cada uno de ellos.

No sé si de mí solo tienen la voz y el cuerpo o algo más. Aunque a veces ellos llegan a tomarme a mí. Cuando tienes el texto muy fijado, hay momentos en los que algo que te ha tocado durante el día (por ejemplo, una frase en televisión), lo largas de repente sin saber por qué. A veces me tengo que contener porque suelen ser textos cerrados. Pero incluso cuando es así, si está bien afianzado, es cuando puedes dar lugar a una pequeña improvisación o reflexión sobre un determinado tema; que ese personaje podría decir por su propia ideología. Es como cuando escribes: en ocasiones te sorprendes de lo que has puesto sobre el papel. Pasa mucho en la novela: los personajes se pelean por intervenir y eres tú quien debe moderarlos. En el escenario, es lo mismo; pero el texto tiene que estar muy comprendido. Por ejemplo, yo puedo decir “Padre Nuestro que estás en los cielos”  y añadir “eso dicen”; pero tengo que tener la primera frase muy afianzada para no preocuparme por lo que viene después.

Cuando llegaste a Madrid empezaste trabajando en varios bares. Treinta años después eres una de nuestras actrices más conocidas y has dado giras internacionales. Tras el éxito hay siempre una lucha…

Mi lucha  es una lucha personal conmigo misma; que yo vengo manteniendo desde hace más de 30 años y que seguiré defendiendo el resto de mi vida. No tiene que ver con convencer a nadie. Yo no creo en el narcisismo de hacer una obra de teatro para cambiar el mundo; sé que el mundo no lo voy a poder cambiar porque lo que tú piensas lo vas a seguir pensando. Mi lucha, por lo tanto, tiene que ver con crecer, educarme, dejarme impresionar; si tú sabes algo más que yo, no discutiré contigo sino que te escucharé. Mi lucha consiste en ir a un museo; leer; escuchar música; ir a la ópera; y que las nuevas generaciones me informen de tecnología, moda… de todo. Creo que ser moderna no tiene que ver con la edad cronológica, sino con que tú no te quedes parado en un lugar del pasado. Esa es la lucha que yo libro diariamente: el afán de seguir creciendo. Cuando tenía dieciocho años creía que el deseo se gastaba, pero tras haber cumplido cincuenta y cinco hace unos días me he dado cuenta de que tengo el mismo deseo. ¡Me encanta la vida! A veces incluso siento tristeza o envidia al pensar que algún día ya no existiré.

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Otro punto importante de esta obra es nuestra obsesión por creer que siempre tenemos razón. ¿Por qué crees que la sociedad se ha vuelto tan dogmática?

Creo que la gente llega a un punto en su vida en el que creen que ya lo saben todo. Por eso existe ese rechazo a los libros. En la época de Franco, paradójicamente, la gente se intercambiaba los libros; ahora, los libros se mueren en la biblioteca. No hay interés por la lectura y eso lleva a que el individuo crea que se lo sabe todo. Cuando cree eso, cuestiona que se le pueda enseñar algo. Siempre me ha parecido un acto inmensamente generoso que alguien dedique como mínimo un año en escribir una novela que tú te merendarás en dos tardes; y que te quedarás con su saber para el resto de tu vida. Hoy en día hay un gran rechazo a todo lo que no sea ideología familiar.

¿Dificulta la familia el desarrollo completo de una persona?

Cuando tú te crees que los hijos son tuyos y no de la especie, vuelves al individuo loco. Es algo que todavía tenemos que aprender de los animales: cuando son cachorros los protegen, pero cuando son adultos el perro se desprende de la familia. Cuando una madre es una madre fálica y omnipotente (de esas que no les gusta ninguna mujer para sus hijos porque todas tienen “peros” –porque en el fondo consideran que la mujer perfecta para sus hijos son ellas mismas-), el chico no sabe cómo desenvolverse en el mundo; ya que no se le ha dejado desear. Un individuo sano se tiene que despegar de lo familiar. Con esto no quiero decir que no se deba tener familia. Yo quiero mucho a mi familia, pero no soy un lastre para ellos; mi dinero y mis necesidades los genero y resuelvo yo.  Hay madres que creen que querer mucho a sus hijos es estar pegadas a ellos, ordenándoles la vida; eso no es saludable.

 

Mi Lucha es también una crítica a las tradiciones más nocivas que aún perduran en nuestra sociedad, como es el caso del machismo. ¿Crees que todavía vivimos en una sociedad dominada por el hetero-patriarcalismo?

Por supuesto. Lo vemos todos los días. Hay programas que lo fomentan, en los que la mujer es un cacho de carne; la vida no existe si no tienes un hombre al lado. Yo me separé hace un año, después de 16 años en pareja. Entonces me di cuenta cómo alguna gente que me tenía mucho respeto se atrevieron a decirme cosas en el momento que me separé, que nunca fueron capaces de contarme mientras estaba protegida por un hombre. Una de esas frases fue: “Tú has cambiado mucho desde que te separaste”. A lo que yo respondí: “Sí. Estoy mejor”. ¿Por qué? Porque si no, no me habría separado. Lo malo es que cuando tú ves que tu relación no va bien, la mantengas por miedo, egoísmo o por deseo de seguir acompañado.

Yo tuve el valor de acabar con esta relación aunque ello suponga vivir con su fantasma: a una persona puedes dejar de amar de un día para otro, pero a su fantasma lo sigues amando. En mi caso, echo de menos el ir con él todas las mañanas al gimnasio; desayunar juntos; ir con él a París… Eso es lo que echo de menos, pero no a él. La rutina es lo que realmente extrañas. Hay gente que me dice que he cambiado mucho desde mi separación, pero ha sido para mejor. Estoy más amable y tranquila conmigo misma.

En esta sociedad todavía vemos el machismo en esos aspectos: parece que la vida solo gira en torno a encontrar un hombre, casarse y tener hijos. Y muchas mujeres contribuyen a ello: muchas de ellas encuentran hombres increíbles en el camino, pero luego quieren estar con alguien que “tenga rollito”. Tradicionalmente el machismo va asociado al hombre, pero en realidad muchísimas mujeres son responsables de esta actitud.

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¿Se sigue imponiendo la fuerza a la razón?

Cuando no hay palabras, hay golpes. Si tú y yo tenemos diferencias, las podemos resolver hablando; porque a lo mejor yo me manejo con 3 000 palabras y tú, con 4000. Pero si yo me manejo con 100 y tú, con 50, en el momento en el que no tengas argumentos me darás un puñetazo en la cabeza. Cuanto más leamos y nos cultivemos, más podemos llegar a un lugar. Pero si no hay palabras, hay violencia.

¿Qué lucha crees que toda persona debería defender en su vida?

En el libro de poemas que publiqué hace un tiempo, decía que nadie me pertenece. Toda mujer debe tener varios hombres en su vida. El último verso de uno de esos poemas dice: “Dígale a su hija que nunca sea el reposo del guerrero”. Lo que no puede ser es que quieras conviertas a una sola persona en todo, porque entonces va abocada al fracaso. Un hombre no te puede mirar a ti sola, hay muchas más mujeres por la calle. Si eres un ignorante, no puedo pretender que te comportes como alguien culto. Con cada persona se tiene una determinada relación; con uno voy al museo; con otro, me acuesto; con otro, voy a restaurantes. Creo que nuestra lucha debe ser con la intención de rodearse de buena gente; saber diferenciar dónde puedes estar; saber irse de los lugares cuando toca y no caer en la pesadez; y sobre todo, tener tu pequeño oasis y tener un lugar que sea amable: tener amigos, una bonita casa, un espacio donde habite la belleza. Y yo creo que eso es lo toda persona debe buscar en la vida.

Por Guillermo Názara (@MrNazara)