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Tras una exitosa temporada en el Teatro Alcázar y una extensa gira por los mejores teatros de toda España, Si la cosa funciona se instala en el Teatro Maravillas de Madrid durante ocho única semanas. Guillermo Názara conversa con su protagonista, José Luis Gil, para revelarnos qué se esconde tras uno de los personajes más extremos e interesantes a los que el actor ha dado vida en toda su carrera.

Después de haber llenado durante meses el Teatro Alcázar, hacer gira y ahora empezar nueva temporada en el Maravillas, parece que la cosa ha funcionado

¡Sí! Durante los ensayos, Alberto Castrillo-Ferrer, nuestro director, dijo que la mayor aspiración que teníamos en ese momento era ponerle una coma al título, para que se convirtiera en Sí, la cosa funciona. Afortunadamente esa sensación la tuvimos muy pronto. Al poco tiempo de estrenar vimos que habíamos conseguido algo que conectaba muy bien con el público y que todo había salido de la mejor forma posible. Así que sí, sobre todo ahora después de tanto tiempo, tenemos claro que la cosa ha funcionado.

¿Por qué crees que el público ha conectado tan bien con este montaje?

Woody Allen tiene un estilo muy propio a la hora de hacer una comedia. Sus obras tienen una grandísima carga personal y están llenas de conflictos y de crítica social de todo tipo. Siempre toca temas como, en este caso, la existencia de la Asociación Nacional del Rifle; el hecho de que la gente sea excesivamente creyente; o la clase política, en la que no se potencia el talento sino que solo interesa el poder, la manipulación y la utilización de los ciudadanos. Eso hace que la comedia vaya a  un punto más allá, combinando esta crítica con situaciones francamente divertidas en las que se recrean escenas de la vida cotidiana de una manera que nadie más se atrevería a realizar.

La obra es un reflejo de las deficiencias de la sociedad americana. ¿Españoles y estadounidenses compartimos los mismos defectos?

En algunas cuestiones, sí. Aunque también es cierto que hay defectos que ellos tienen y nosotros, no; y viceversa. Cada país viene de donde viene y eso influye en su visión de las cosas. A nosotros, por ejemplo, nos sorprende que todavía exista en EE.UU. la Asociación Nacional del Rifle; pero los americanos dejaron de llevar las pistolas puestas por la calle hace menos de 200 años. ¿Cómo los convences de que no son necesarias para su defensa personal? Incluso la ley los ampara. En nuestro caso, por otro lado, somos esclavos de nuestras tradiciones. Hasta ahora no nos hemos planteado si la fiesta de los toros es una animalada o un acto cultural. En otros países, cuando se habla sobre tauromaquia, no se pueden creer que en España siga existiendo. Por supuesto, no todo es malo, ya que cuando un pueblo es muy antiguo, sus tradiciones también le pueden aportar mucho bagaje.

En esta obra interpretas a Boris, un misántropo que ha decidido renegar por completo del amor porque nunca ha irrumpido en su vida. ¿Cómo es meterse en la piel de alguien tan extremo?

Es un personaje muy radical pero a mí me gustaba mucho. Desde que vi la película, me apetecía interpretar a un hombre tan descreído; con unas convicciones tan raras. Es un tío con un bagaje intelectual muy fuerte: un profesor de física cuántica que ha sido candidato al Premio Nobel. Hay muchas cosas que dice que yo mismo comparto, solo que no las llevo tan al límite como él. Hay un momento en la obra en el que Boris se llega a tirar por una ventana. Por supuesto, se trata de una comedia de Woody Allen, así que el resultado es muy divertido: el intento de suicidio le sale mal porque lo para un toldo y se queda cojo.

¿Concretamente en qué te identificas con Boris?

Su manera de pensar casa mucho con la mía; la diferencia es que a él le da igual cómo exteriorizarla porque no le importa caerle mal a la gente. Todo lo que dice tiene una carga de profundidad vital que es muy interesante. En el fondo, creo que todos hemos viajado un poco por ese lado que Woody Allen nos expone a través de este personaje; lo que pasa es que no quieres quedarte a vivir en él porque tiene una parte negativa que te impide desenvolverte en el día a día.

Si tuvieras que darme una razón para ir a ver Si la cosa funciona, ¿cuál sería?

Vais a ver una comedia francamente divertida con la garantía y el sello de Woody Allen; muy respetuosa con el texto y la película original. Evidentemente, hemos tenido que renunciar a cosas, pero el núcleo está perfectamente representado en la función; además de que es mucho más directo que en el film. Y por otro lado, es prácticamente inevitable que cuando salgáis del teatro, reflexionéis sobre ciertas cosas que oiréis en escena y hagáis similitudes entre lo que vean y su propia vida.

 Entrevista realizada por Guillermo Názara (@MrNazara)