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Respaldado por un increíble éxito en México, Juan Bey arranca en Madrid esta nueva versión de La verdad de los domingos, seguramente su texto más provocador, irónico y reflexivo. Guillermo Názara conversa con el intérprete para descubrir qué verdad se oculta tras esta obra centrada en la falsedad y las mentiras del ser humano.

Al parecer, la idea de escribir esta obra te llegó cuando en un restaurante viste a una pareja que no se dirigió la palabra durante toda la cena…

El mundo de las parejas siempre me ha llamado mucho la atención, ya que la sociedad nos hace vivir de esta forma. Tu situación actual se define por si tienes o no pareja. Cuando estaba de gira en México, decidí tener un momento de intimidad (ya que la mayoría del tiempo lo pasaba junto a otras treinta personas) y me fui a un restaurante por mi cuenta. En ese caso, yo tenía una excusa para no querer hablar con nadie, pero ese matrimonio (que no era tan mayor) parecía que ya no tenía nada que decirse… A partir de ahí surgió la idea para esta obra, aunque el juego teatral era muy diferente: al principio me planteaba contar una historia de una pareja que no se dirigiera la palabra mientras cenaba, pero que se dirigiera al público para contarle todo lo que no se están diciendo el uno al otro. Pero después pensé en qué era realmente lo interesante: las mentiras.

Uno de los principales temas de esta obra es que muchas parejas se forman solo por miedo a la soledad. ¿Comparten autor y personaje la misma idea?

Pienso que es muy fácil que las relaciones de pareja se desgasten muy rápidamente. Tener pareja es un trabajo más: tienes que dedicarle tiempo y paciencia; aunque al mismo tiempo también te aporta muchos beneficios. El problema es que normalmente damos por supuesto a nuestras parejas; y esto hace que de pronto deje de haber sexo, comunicación… A menudo en la función me dicen que «el mejor polvo con tu pareja es el que echas cuando lo habéis dejado» o «el primero». Es cierto que no puedes mantener el ritmo y la pasión que tienes al principio, pero creo que al menos es necesario impedir que la relación se quede en nada. No es que comparta la misma idea, pero si no te compensa, no estés por estar. En México, mucha gente cortaba después de ver la obra; hasta el punto de que tuvieron que poner en redes comunicados en los que decíamos: «en La verdad de los domingos no queremos que dejéis a vuestras parejas, sino que folléis más».

En este montaje se habla del amor, parejas, sexo… Pero siempre desde una perspectiva muy escéptica. ¿Creéis que en general la sociedad tiene unos ideales sobrevalorados sobre estos temas?

Sí. Vemos a la pareja como alguien que tiene que tapar agujeros que tienes tú. En esta sociedad no existe una visión sana de que podamos ser felices por nosotros mismos y sentirnos completos. Lo que realmente deberíamos necesitar es alguien con quien compartir esa felicidad. Si tú compartes la tuya conmigo, maravilloso; pero mi alegría no puede depender de lo que tú me des. El gran problema que tenemos es que no extraña mucho que alguien pueda ser feliz sin tener pareja.

El otro gran tema de La verdad de los domingos es que todos somos unos cabrones. ¿Es el egoísmo algo propio de todo ser humano?

Mi trabajo previo para escribir esta obra fue investigar sobre las mentiras; sobre cuando somos deshonestos. Llegué a la conclusión de que sí que somos egoístas, pero es normal. La intención del texto no es juzgarte, sino de animarte a reconocerlo y a no excusarnos cuando nos hemos portado mal. No hay que buscar siempre la justificación; si lo has hecho mal, lo has hecho mal, no pasa nada. Todos nos equivocamos; la clave es intentar no repetir esos errores.

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Este texto se creó originalmente como una pieza para Microteatro en México. Aparte de la duración, ¿qué ha cambiado desde la primera versión?

En México solo trataba el tema del sexo. Aquí he podido ahondar mucho más en el tema de las mentiras y me permite hacer un viaje más largo, profundo e interesante. Esto te permite que, de una manera o de otra, el texto impacte a todo el que viene a ver la función.

La interactuación con el público es uno de los rasgos principales de esta producción. ¿Hasta qué punto las repuestas de los espectadores pueden cambiar el curso de la función?

La función está cerrada y tenemos claro que solo puede durar una hora; en eso nuestra directora, Sara Pérez, fue muy tajante.  Por eso, es necesario guiar al público y decirles cómo, dónde y cuándo participar. El discurso de Héctor Sinisterra está claro; por lo tanto, si surge algún comentario espontáneo, hay que utilizarlo para reconducir el monólogo hacia donde queremos llegar. Lo único que cambian, por supuesto, son las intervenciones del público: en cada función dicen algo distinto y yo me alimento de ello. Pero esta obra no consiste en elegir tu propia aventura; tiene un camino fijo por el que ir y debe producir la catarsis del final. Si fuera diferente, sería otra cosa.

De los comentarios que te ha hecho el público durante la función, ¿cuáles destacarías?

Cuando le preguntamos a una mujer qué es lo que busca en un hombre, la cuarta pregunta siempre es la misma: «que me haga reír»; que es precisamente lo que busco para continuar con el argumento. Lo que más me sorprende, positivamente, es cómo la gente se suelta; no solo me responden a mí, sino a todos los demás que están en el público. Esa valentía para responder de una forma tan sincera se agradece mucho.

Imagínate que soy un romántico, idealista y convencido de la generosidad humana. ¿Qué razón me darías para ir a ver La verdad de los domingos?

No dejes de ser romántico porque es maravilloso; pero no te excuses en esa idea para evitar perder a tu pareja. Los detalles y los mimos están muy bien, pero no te puedes olvidar de que a esa persona la tienes que hacer sentir única en todos los sentidos: no dejes de tener sexo con ella; ni de decirle lo maravillosa que es; llévatela a la cama como si fuera la primera vez; llévatela al teatro y a dónde quieras, pero no dejes de follártela mucho y muy bien; y hazla sentir que ha nacido para que folléis juntos los dos.

¿Y para que vayan los demás?

Se lo van a pasar bien; es una obra que habla de algo tan humano como las mentiras; un montaje que no se queda solo en las risas, sino que e invita a reflexionar.

Entrevista realizada por Guillermo Názara (@MrNazara)