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Amor a las puertas del nazismo, reinos embrujados, barricadas al frente de una revolución… No son pocas las historias en las que este joven actor se ha visto envuelto desde su llegada al espectáculo; y aún son más si tenemos en cuenta que bajo su responsabilidad caía dar vida a un mínimo de diez personajes por cada obra. Guillermo Názara conversa con Ángel Saavedra, uno de los swings más experimentados de la Gran Vía, quien nos habla de los momentos más importantes de su carrera y nos revela el trabajo que se esconde tras uno de las profesiones más duras del teatro musical.

¿Cómo surge tu vocación por el espectáculo?

Mi primer contacto “consciente” con el teatro fue haciendo una tragedia griega en el instituto. Tenía un personaje secundario porque los personajes principales los hacían los alumnos de cursos superiores, pero pocos días antes de la función en el anfiteatro de Segóbriga, tuvieron que sustituir al prota y me lo propusieron a mí. Fue un entrenamiento acelerado, pero mereció tanto la pena que desde entonces se convirtió en mi vocación.

Durante tu formación, te has interesado por diversas disciplinas: eres licenciado en Comunicación Audiovisual, has estudiado interpretación en varias escuelas y también cursado clases de canto y técnica vocal. ¿Se debe a que la formación actoral en los centros españoles es quizás incompleta?

Cuando decidí estudiar interpretación ya estaba acabando la universidad y tenía claro que no quería entrar en ningún sitio en el que me impusiesen ni los profesores ni las asignaturas. No quería dedicarme específicamente al teatro musical (tampoco era la opción tan clara de trabajo que es hoy), pero pensaba, y sigo pensando, que un actor debe tener formación en canto y baile. Y si puede tocar algún instrumento, mejor. Así que investigué con quién estudiaban los actores que me gustaban y resultó ser Juan Carlos Corazza. Me presenté a las pruebas de ingreso, me admitieron y allí estuve cuatro años en los que recibí una formación excelente como actor. Por otro lado estudié baile y por otro, canto. En mi opinión, la responsabilidad de tener una formación completa es de cada uno.

 ¿Qué opinas de la educación en nuestro país en cuanto a teatro musical?

Opino que ha aumentado en cantidad y calidad a pasos agigantados. En las últimas compañías en las que he trabajado había actores muy jóvenes y muy bien preparados procedentes de escuelas como Aules, dirigida por Daniel Anglès en Barcelona. Reciben una gran formación de parte de profesionales en activo. Y profesores de canto como el propio Daniel o Mamen Márquez, que dominan diversas técnicas y conocen las exigencias de un actor-cantante que además, tiene que hacer ocho o nueve funciones semanales.

Tu primera incursión en el terreno de los musicales fue en la producción de Stage Entertainment Cabaret. ¿Cómo te llegó la oportunidad de participar en un montaje de tan gran escala?

Pues llegó en forma de anuncio en el periódico. Buscaban actores que cantasen, bailasen y tocasen algunos instrumentos. Entre estos instrumentos se encontraba el saxo, que toco desde pequeño o el piano, del que estudié hasta octavo curso en el Conservatorio. Llegué al teatro Coliseum, y al ser audiciones abiertas, la cola daba la vuelta al edificio. Me puse en la cola, me dieron un número y hora para esa tarde. Pasé aquella primera prueba y otras siete más a lo largo de varias semanas (de interpretación, canto, baile e instrumento) y al final me llamaron para decirme que iba a formar parte del elenco en calidad de swing, cosa que por aquel entonces no sabía qué significaba.

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Ángel en “Cabaret”

Posteriormente también te uniste al elenco de la gira. Como actor, ¿supone algún reto cambiar constantemente de escenario?

Supone muchos retos porque implica muchos cambios. Cambios de ciudad, viajes, pruebas de sonido, cambios de posiciones, de entradas y salidas, de recorridos desde camerinos a escena (¡hay auditorios en los que hay kilómetros!). Hay muchos cambios internos para que el espectáculo que ve el público sea igual que el que puede ver cuando está fijo en Madrid o Barcelona.

¿Qué destacarías de tu paso por esta obra?

Para mí, Cabaret fue especial porque fue mi primer trabajo profesional como actor; y posteriormente, también como asistente de dirección gracias a la confianza de Moira Chapman, de la que aprendí muchísimo durante los cinco años que duró el montaje. Para mí fue un máster en teatro musical. Y con el paso de los años, valoro más el haber formado parte de él, tanto por la propuesta tan arriesgada de Sam Mendes como de Stage al traerlo.

Tu siguiente parada fue Mamma Mia!, el musical basado en las canciones del grupo pop Abba. ¿Cómo se afronta interpretar una partitura tan diferente en género y estilo a la de Cabaret?

Poder hacer cosas tan diferentes es lo que deseamos todos los que nos dedicamos a esto. Después de una historia tan oscura como la de Cabaret no hay nada mejor que algo tan luminoso y divertido como Mamma Mía!. Como actor y cantante tienes que adaptarte al estilo, pero para eso están los ensayos y las directrices del equipo artístico.

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No obstante, Los miserables es sin lugar a dudas la obra que más te ha permitido desenvolverte como actor, ya que estuviste cuatro años como miembro de su elenco. Háblanos de tu paso por esta producción.

Miserables vino después de Mamma Mía!, así que el cambio también fue radical. Junto con Cabaret, es mi favorito de los que he tenido la suerte de interpretar. El montaje era espectacular; la historia, brutal; y la partitura, impresionante. Es todo lo que uno puede pedir a una obra. Y si a esto añades unos compañeros excelentes, aquello solo podía ser el éxito que fue.

En este montaje trabajabas como swing, intérprete preparado para cubrir a la mayor parte de los actores principales. ¿Cómo se logra memorizar hasta 11 personajes a la vez?

En realidad he trabajado como swing (y asistente de dirección) en todos los montajes en los que he participado. Es decir, en los mencionados anteriormente y en La Bella y la Bestia. Es un trabajo muy complicado y poco reconocido fuera de la profesión, porque si haces bien tu trabajo, nadie se entera de que estabas tú en lugar del titular. La diferencia es que el titular solo se sabe su papel, ha ensayado un mes y medio y hace la función todos los días; y tú te sabes once papeles, no has ensayado nunca con el resto de la compañía y el primer día que sales es la primera vez que haces la función. Requiere mucho estudio previo, mucha concentración y mucha confianza en uno mismo.

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Ángel interpreta a uno de los revolucionarios en “Los Miserables”

 ¿Alguna vez llegaste a mezclar sus textos?

No me ha pasado nunca porque nunca dejo de repasar. No doy nunca el trabajo por hecho porque con tanta información en la cabeza es fácil que se te crucen los cables.

 ¿A qué crees que se debe el espectacular éxito de esta obra?

Creo que en Los Miserables funciona todo, pero una obra no se mantiene treinta años en cartel si la historia que cuenta no conmueve al público. Y ésta no puede ser más conmovedora.

También has participado en los exitosos vídeos de Humor Miserable, una serie de cortos de humor creados por David Ordinas en los que participabais la mayor parte del elenco del musical. ¿Cómo surgió la idea? ¿Cómo preparabais las grabaciones?

Pues no recuerdo cómo surgió la idea, pero David no para de inventar; así que estando a su lado es normal que te veas envuelto en alguna de sus creaciones.

 ¿Tienes algún episodio favorito? ¿Por qué?

Mi favorito es el que hicimos en Barcelona sobre la Bella y la Bestia. Nos divertimos mucho grabándolo porque participó casi toda la compañía. Además creo que fue el que tuvo más visualizaciones.

 Actualmente, ¿tienes algún proyecto a la vista?

Pues he dejado de momento de girar y estoy compaginando sesiones en alguna serie de televisión como Seis hermanas con el desarrollo de un proyecto personal que me motiva mucho. ¡Pero aún es pronto para hablar de él!

Entrevista realizada por Guillermo Názara (@MrNazara)