Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

saraperez

El próximo sábado podrás regresar a tu infancia de la mano de uno de tus cuentos favoritos; o quizás prefieres seguir siendo adulto y disfrutar de sus dobles sentidos. Ya vayas al colegio o a la oficina, has de saber que Caperucita el musical se estrena esta semana en el Teatro Galileo; y por supuesto, en Primera Fila no lo podíamos dejar pasar. Guillermo Názara se reúne con Sara Pérez, escritora y directora de la obra, para que nos cuente qué nos espera en el musical familiar con el que arranca la nueva temporada de espectáculos en Madrid. 

¿Cómo surge la idea de crear un musical sobre Caperucita?

Realmente la idea viene de la persona que gestiona el Teatro Galileo. El año pasado hicimos un musical de creación sin ningún título conocido detrás y nos propuso hacer una versión musical de Caperucita. La verdad es que en este tipo de formato no se ha versionado mucho; desconozco los motivos. Además, la trama es tan simple que pensé que era un buen reto darle una vida y verla desde el punto en el que normalmente vemos este tipo de historias.

A pesar de su popularidad, Caperucita tiene una trama demasiado corta como para crear un musical que se ciña estrictamente a ella. ¿Es esta versión una oportunidad para explorar las relaciones sociales?

Lo primero que hice cuando me enfrenté a Caperucita fue leerme las versiones escritas que había –principalmente las de Perrault y de los Hermanos Grimm- y traté de entender de dónde venía el cuento. Básicamente, era una tradición oral europea en la que se advertía a las niñas que ya tenían la menstruación –esa es la simbología del color de la capa- que no se fueran con desconocidos. Tenía la misma función que los avisos de nuestras madres hoy en día, cuando nos dicen que no dejemos las copas solas en los bares porque nos pueden echar algo, por ejemplo. Por lo tanto, me tuve que plantear a qué tienen miedo los padres de ahora. Del mismo modo, no he querido hacer una adaptación ambientada en nuestro tiempo porque me parecía muy fácil.

También he querido explorar los puntos negros de la historia: por qué la madre manda a su hija sola al bosque, la figura ausente del padre, etc. Por lo tanto, sí que se plantean muchos conflictos sociales actuales, principalmente por qué los niños deben tener miedo o por qué no y qué moraleja para el día a día podemos sacar de los cuentos y de las leyendas urbanas. Asimismo, lo hemos reflejado en la caracterización de los personajes: la madre es muy descuidada y Caperucita es demasiado incrédula; de hecho, se encuentra con el Lobo y no se da cuenta de que es él –aunque en esta versión, he metido una trama para que no tenga ese aspecto-.

caperucitaroja

Una de las peculiaridades de esta versión es su reflejo de los problemas de los niños y los padres de hoy en día. ¿Cómo se logra introducir esta crítica social y mantener la esencia infantil?

No ha sido nada fácil. Les he ido pasando partes del texto a amigos míos que son profesores de infantil, para ver si les parece demasiado complejo. La clave es que sea visual, de forma que el niño pueda entender lo que sucede. También hemos retomado el uso de máscaras, que es una tradición que, salvo en El Rey León, parece que se está perdiendo en el teatro desde hace tiempo. Por otra parte, la historia está cargada de connotaciones sexuales, algo que los más pequeños no van a entender. Por ejemplo, si el Lobo acecha a Caperucita en una cama, el niño eso no lo ve pero el padre sí. Se basa, principalmente, en el doble sentido. Además, nosotros no trabajamos para un público infantil de entre 3 y 5 años –para los que el principal atractivo son los colores-, sino niños que ya pueden entender una historia, aunque nosotros siempre vamos a facilitar la comprensión. Por otro lado están los padres, que podrán hacer su lectura desde su perspectiva adulta.

Es una historia oscura; hemos apostado por un cartel muy potente, aunque con mucho humor –es nuestra marca de la casa en La Coja Producciones-. En nuestro anterior espectáculo, en el que aparecía un monstruo, nos dimos cuenta que al usar una ambientación sonora muy fuerte, los niños se “cagaban” literalmente de miedo; pero a la vez, ese miedo les daba una adrenalina que hacía que ese momento fuera su favorito –algo increíble-. Lo cierto es que las historias de terror que me contaban de pequeña las recuerdo con mucho cariño. Pero ahora parece que las películas que hacen para los niños me parecen demasiado dulzonas. En todas las historias infantiles clásicas ha habido personajes negativos; y los niños lo saben.

 ¿Se podría decir que Caperucita es un Into The Woods infantil?

Con esto ocurre lo mismo que con la escena de la ducha de Psicosis; Hitchcock “fastidió” a todo el mundo, porque cada vez que alguien quiere hacer una escena en una ducha, la comparación es inevitable. Lo mismo pasa con Sondheim en Into The Woods. En los ensayos, había momentos que veía a la protagonista con la caperuza puesta y no podía impedir que me recordara a esa obra. Por supuesto, la intención no ha sido esa, pero el referente es ineludible. Sí que es cierto que yo he tratado de explorar otros temas; Sonheim se centra más en qué pasa después de lo que nos cuentan en estas historias clásicas –que utiliza para analizar la condición humana-; yo, en cambio, he preferido estudiar por qué debemos creernos estos relatos, qué realidad se esconde detrás de ellos.

A la hora de escribir esta obra has trabajado en colaboración con el compositor y letrista Felipe Forastiere, ¿qué proceso habéis seguido para estructurar el show y sus diferentes números y escenas?

La verdad es que yo suelo ser una persona bastante caótica en general, así que son mis amigos escritores y dramaturgos los que deciden lo que se quiere contar; a partir de ahí hacen un esquema y a continuación, la versión final de la obra. Es cierto que yo en este caso he seguido un esquema mental –aunque no lo he llegado a plasmar nunca- para indicarle a Felipe dónde iba cada canción y de qué tema trataba. En la obra del año pasado escribí algunas letras, pero la verdad es que a él se le da muy bien, así que preferí que él lo hiciera; de esa forma, además, la música funciona mucho más. También cuento con la ayuda de Mercé Grané, nuestra coreógrafa, que siempre hace tareas que van mucho más allá de diseñar el baile –que consiguen contar mucho de la historia-. Pero en general, en este espectáculo tenía muchas ganas de coger las riendas así que he sido yo quien ha creado la estructura, aunque ha habido aportaciones de mis compañeros en ella.

caperucita1

Esta producción cuenta con dos actores adultos y una actriz muy jovencita –tan solo 13 años-. A la hora de dirigir, ¿has hecho alguna distinción a la hora de trabajar con ellos?

He preferido trabajar de forma uniforme, aunque el lenguaje sea diferente para muchas cosas, ya que el actor adulto tiene un bagaje emocional mayor y puede entender más referencias. De todas formas, nuestra protagonista ha hecho El Rey León y también trabajó conmigo el año pasado en Laura y el enigma de la música perdida. Entre ella y yo hay un vínculo muy potente que el resto de compañeros han notado. Aun así, como anécdota os contaré que todos nuestros ensayos empiezan con media hora de juegos, ya sea al pilla pilla o al escondite inglés. En primer lugar porque hacer teatro es jugar, pero también porque quería crear una unión entre todos los miembros del elenco.

He visto que vuestra misión con esta obra, así como con otras anteriores, es crear contenido inteligente y de calidad para niños. ¿En qué consiste este tipo de contenido exactamente?

Como ya dijeron mis compañeros Jorge Ahijado y Juan Carlos Guerra en vuestra anterior entrevista, una cosa es tener un público de 3 a 5 años -en el que el único estímulo que debe recibir el niño es musical y de imágenes- y otra cosa son los espectadores a los que nosotros nos dirigimos, que son mayores. Nuestra intención es crear obras con tramas, subtramas, héroes y villanos. Hace poco fui a ver Madagascar 3 y el argumento iba tan rápido que incluso yo no me enteraba de cosas si no prestaba atención. Los niños son capaces de asimilar y disfrutar de este tipo de historias, pero parece que hoy en día este tipo de historias parece que se han perdido en general. Creo que hemos tenido una época de obras infantiles de una simpleza abrumadora y preocupante; los niños son futuros espectadores a los que hay que estimular su imaginación. La verdad es que me encantaría adaptar una obra de Julio Verne.

caperucita2

También he leído que otra de vuestras intenciones con este montaje es crear una experiencia teatral única, ¿cómo es esta experiencia?

No habrá proyecciones y los objetos que utilizaremos serán transformables, que es el tipo de teatro que yo he visto de pequeña. Por ejemplo, el año pasado en Laura y el enigma, utilizábamos un escenario lleno de cojines; si por ejemplo había que hacer las vías de un tren, eso era lo único que usábamos. Si el actor se lo cree, el que lo está viendo también. Los alumnos tenemos muchos prejuicios hacia estas cosas, los niños en cambio no. Lo cierto es que estoy viviendo una etapa muy dulce, porque hacer teatro para este tipo de público me ha devuelto una imaginación sin límites y sin prejuicios, que solo debo a los niños.

Si tuvieras que dar una sola razón para que la gente venga a ver Caperucita, ¿cuál sería?

¡Que lo van a flipar! (ríe). Nadie les ha contado una historia así; además, el equipo es alucinante. Yo creo que les va a sorprender, que es lo que nos gusta en La Coja Producciones, al igual que hicimos en Desgenerados.

Entrevista por Guillermo Názara (@MrNazara)