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Fotografía: Sergio Lardiez

Con una abundante filmografía a sus espaldas, capaz de aunar los más diversos géneros, Jota Linares se posiciona como uno de los cortometrajistas más reconocidos de nuestro país actualmente. Tras haber finalizado el rodaje de su última obra, Rubita -homenaje a uno de los grandes iconos tanto del cine como de la cultura popular, Marilyn Monroe-, Linares acaba de estrenarse como director de teatro con ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, texto de producción propia que en breve arranca su segunda temporada en Madrid. En esta nueva entrevista para Primera Fila, Guillermo Názara conversa con el autor sobre sus piezas más importantes, además de su nueva faceta como dramaturgo y sus próximos proyectos. 

He visto que desde muy joven siempre te ha interesado el cine. No obstante, ¿hay algún momento clave en tu vida que te hiciera descubrir esa vocación?

He intentado responder a esa pregunta muchas veces pero nunca localizo ese momento exacto. Quizás fue cuando fui al cine por primera vez, y salí fascinando con “La Sirenita” de Disney. O cuando empecé a consumir todo el cine que caía en mis manos en el videoclub ilegal de mi pueblo, casi con obsesión. O cuando con 12 años pedí que me llevaran al cine de Jerez a ver “Los puentes de Madison” y no conseguía entender bien porqué me afectaba tanto que Meyl Streep no abría la puerta de la furgoneta y salía corriendo detrás de Clint. La pregunta quizás sea si alguna vez me he planteado dedicarme a otra cosa y eso sí que tiene una respuesta clara: NO.

En la Universidad te licenciaste en Comunicación Audiovisual, además de Periodismo. No son pocos los que dicen que esta primera es todo menos la carrera apropiada para aquellos que quieren ser cineastas. En tu caso, ¿la consideras necesaria? ¿Te ha servido a la hora de formarte como director?

Sí, yo soy muy defensor de estas carreras. Quizás no aprendas toda la teoría que uno espera aprender. Y desde luego las prácticas son insuficientes. Pero para mí fueron unos años decisivos e importantísimos en mi formación, aunque solo fuera porque en esas aulas conocí a gente a la que le apasionaba lo mismo que a mí, con la que empecé a currar y que, hoy en día, son jefes de equipo en mis rodajes. Las facultades son un punto de unión y encuentro muy importante, quizás el truco sea saber aprovechar más las horas de cafetería que las de teoría. ¡Y coño, que uno se lo pasa genial en esos años!, las de historias y material que sale de ahí para escribir.

Tu primer cortometraje fue ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, que rodaste en el 2006, cuando todavía estabas estudiando. ¿Cómo te llegó la oportunidad de hacerlo? Como director, ¿te permitió aprender algo que influyera en la realización de tus siguientes cortos?

La oportunidad surgió porque yo la generé. Estaba deseando rodar algo un poco más profesional, ahorré el dinero, escribí el guión basándome en un hecho real que vi y nos lanzamos a la piscina con la inconsciencia de los 22 años, sin miedo a nada. Eso fue lo que más nos hizo crecer: aprendimos todo lo que no había que hacer en un rodaje. Y aún así, el corto funcionó; fue un milagro. Probablemente, “¿A quién te llevarías a una isla desierta?” sea la historia más especial e importante (por lo que ha significado en mi carrera) que he escrito nunca.

Tu siguiente obra fue Un cuento de hadas, en la que narrabas la historia de una madre dedicada a la prostitución desesperada por darle una vida mejor a su hijo. ¿A raíz de qué nace esta historia?

Estábamos en tercero de Comunicación Audiovisual y nos apetecía seguir experimentando. O al menos intentar poner en práctica todo lo que aprendimos en el rodaje de la isla desierta. Una noche pasé con el coche al lado de unas prostitutas e imaginé que pasaría si una de ellas tuviera que verse obligada a llevar a su hijo al trabajo durante un día completo. Pensé que sería bonito contar una historia tan dura en forma de cuento infantil y de ahí nació esta historia, intentando ser respetuoso con unas mujeres que viven siendo invisibles pero intentando conservar su dignidad.

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En este caso también tuviste que trabajar con niños. En piezas como esta, en la que la trama es tan dura, ¿cómo los debe orientar un director? ¿Supuso un reto para ti?

Se trató con mucho respeto y haciendo partícipe al niño de lo que le ocurría a su propio personaje: que estaba en algo diferente de donde realmente estaba. Todo el equipo le ayudó y le hacía creer que estaba en el rodaje de un cuento y que las protagonistas no eran putas, eran superheroínas con disfraces para ocultar su verdadera personalidad. Para mí siempre es una gozada trabajar con niños, tienen una mirada muy limpia y cero prejuicios, ven esta profesión como la veo yo: como el mejor juego del mundo.

Otra de tus obras es Dead Celebrities, en el que una pareja parece causar la muerte de un famoso cada vez que se encuentra. ¿Mera sátira o trasfondo?

Algo de las dos cosas tiene. Roberto Pérez Toledo y yo escribimos ese guion porque nuestra generación siempre tiene recuerdos muy vívidos de dónde estaba cuando se enteró de la muerte de determinados iconos. Adaptamos eso a una comedia romántica clásico de “chico conoce a chica” sólo que en este caso, la unión de ambos tiene un efecto catastrófico en los iconos de nuestra generación. Todos recordamos dónde estábamos cuando murió Michael Jackson o, los más freaks como yo, Heath Ledger.

Ratas es otro de tus cortos más famosos, que además ha sido galardonado en varios festivales. Hablando con Manolo Pavón sobre esta obra, me comentó que habíais creado el concepto de “rata-visión” a la hora de planificarlo. ¿En qué consistía?

¿Eso dijo? La madre que lo parió (ríe). Es una broma privada entre él (que es mi mano derecha insustituible) y yo. Hace años un director español (un poco pedante para mi gusto) lanzó a los cuatro vientos una peli donde prácticamente se adjudicaba el invento de la pantalla partida ¡en pleno 2007! A mí esas faltas de humildad me parecen muy bestias, por eso nosotros siempre bromeábamos durante la postproducción de “Ratas” con que habíamos inventado la ratavisión (que no es más que la pantalla partida de toda la vida). “Ratas” es un homenaje al slasher y con ese truco visual homenajeábamos a una de las grandes pelis de ese subgénero, “Carrie” de Brian de Palma.

¿Son Nico y Nani alguna dramatización o parodia de alguien real?

Sinceramente, espero que nadie en la vida real se parezca a Nico y a Nani. O tendrían un serio problema. Son pura invención, clichés del género de terror adolescente dados la vuelta de manera perversa.

Hace poco rodaste Rubita, en el que hacías homenaje a una de las grandes estrellas y leyendas del cine, Marilyn Monroe. No obstante, todavía no podemos disfrutarlo en Internet. Aparte de la sinopsis –que aparece en casi cualquier blog de cine español-, ¿qué nos puedes adelantar sobre él?

Es mi proyecto más personal y más ambicioso, que escribí junto a mi mejor amigo, Paco Anaya. Estuve buscando financiación durante años y se consiguió rodar gracias al apoyo de Es.Arte y María Allas, y con la colaboración de Sibila Films y Manolo Pavón. Es un homenaje a Marilyn Monroe que surgió con una idea muy clara y concreta: que fuera un duelo de mujeres y un tour de force interpretativo entre dos actrices. Y eso se lo debo todo a Maggie Civantos (biznaga de plata a la mejor actriz en Málaga por su papel en el corto) y Marta Hazas, dos actrices a las que adoro y que es un espectáculo verlas trabajar. En “Rubita” también trabajé con uno de mis imprescindibles, Ignacio Mateos, que tienen un papel pequeñito pero muy decisivo en la trama. “Rubita” es una de esas historias que supe, desde el momento en que pusimos la palabra FIN al guión, que iba a ser uno de los momentos más importantes de mi carrera. Y así está siendo.

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Ahora también has llevado al teatro tu primer cortometraje. ¿Por qué decidiste hacer esta nueva versión?

Porque “A quién te llevarías a una isla desierta?” supuso el principio de muchas cosas para mí. Y sus personajes acabaron por ser muy especiales, casi como si existieran de verdad. En los festivales en los que concursó, muchísima gente nos preguntaba que cuál era el pasado y el futuro de esos amigos protagonistas del corto y, de manera muy natural, empecé a planteármelo yo también. Y claro, empezaron a surgir cosas, le propuse a Paco escribir una versión larga de la isla por pura diversión, porque nunca había hecho nada en teatro y la propia historia (4 personajes y una única localización) pedía a gritos hacerse por logística, no era complicado y no perdíamos nada. La estrenamos en Garaje Lumiére el 9 de mayo de 2012 y aquí seguimos, tres años después, todos los domingos en el Teatro Lara. “¿A quién te llevarías a una isla desierta?” conecta de una manera muy bonita y especial con la gente de mi generación y eso es algo que no está pagado, probablemente una de las razones de porqué esta profesión a veces es tan especial. Son cuatro amigos, a punto de dejar la veintena, que se enfrentan a se les había enseñado a ganar en la vida pero no a perder … y todos son más perdedores que ganadores.

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Como director de actores, ¿qué retos te ha supuesto este medio en comparación con el cine, al que estás más acostumbrado?

Nosotros trabajamos en el circuito off, donde la cercanía con el público es importantísima. Así que yo les dirijo como si estuvieran en una película, intentando potenciar el realismo y la naturalidad. La idea es que el público se sienta como si se hubiera colado en ese piso compartido, casi como si fueran voyeurs. Y funciona.

¿Tienes algún proyecto futuro del que nos puedas hablar?

Ahora mismo estoy co-escribiendo la que será la primera película del director Javier Giner, junto a él mismo. Está siendo una experiencia brutal, enriquecedora, tremenda … y cuando termine con eso, lo próximo es terminar el guión de mi película y seguir experimentando con textos e historias. AISGE me ha dado la oportunidad de publicar un relato corto con ellos, que se llama “Urgencias para perros”, y me ha picado la curiosidad por seguir probando en el terreno de la literatura, a la que le tengo un respeto que roza en la reverencia.