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No existe rama del espectáculo que se le escape a este inquieto artista argentino que desde hace años comparte su talento con nosotros en España. Actor, escritor, director, profesor de teatro y coach de interpretación… La trayectoria de Rodrigo Chiclana está empapada de una sorprendente versatilidad, que ha sabido desenvolver tanto sobre las tablas como en el cine y la televisión. En esta nueva entrevista para Primera Fila, Guillermo Názara Reverter comenta junto con el comediante los momentos más destacados de su carrera profesional, próximos proyectos y las claves para triunfar o, al menos, poder vivir de este sector. 

Desde muy joven comenzaste a formarte como actor en multitud de centros y escuelas. ¿Cómo surge esa pasión por la interpretación? ¿Recuerdas algún momento decisivo que te hiciera descubrir tu vocación?

Creo que esa pasión por la interpretación ha crecido conmigo desde mis primeros años. Mis padres me llevaban al teatro desde pequeño e incluso ya a los 8 años estaba participando de un evento para Navidad que fue televisado por el canal 9 de Argentina. Mi madre fue docente en un instituto de educación secundaria en el que tenían clases extra programáticas de interpretación, una muy buena formación de 6 horas semanales. Por aquella época incluso los profesores de otras asignaturas, como mi madre, colaboraban en los montajes y hasta prestaba muebles de nuestra casa para las escenografías. Nunca olvidaré el día que, siendo tan pequeño y observando aquel panorama, le dije: “Cuando yo sea alumno aquí, estaré en el grupo de teatro”. Así fue, y allí comenzó todo, hasta llegué a ser profesor de ese mismo grupo de teatro años más tarde; y aquí sigo…

Tras estudiar en Argentina, decidiste venir a España, donde continuaste formándote como actor y empezaste a participar en varias obras. ¿Qué te hizo venir a probar suerte aquí?

La decisión fue tomando forma de a poco, fueron muchos los ingredientes que contribuyeron para dar el paso. Fue algo muy meditado, la situación en Buenos Aires no era la más favorable, había alguna oferta concreta aquí en Madrid y, sobre todo, pesó mucho la necesidad de un cambio, más que probar suerte, la necesidad de buscar nuevos aires. Y así, junto con mi pareja iniciamos el cambio, un cambio del que no me arrepiento. Aquí he podido, a pesar de toda mi formación del otro lado del charco, continuar entrenándome (algo que un actor no debe abandonar jamás) y empezar a generar mis propios proyectos.

¿Encuentras alguna diferencia entre la organización y la forma de trabajar en el teatro argentino y español? ¿Y en el público?

Hace algunos años atrás te hubiese respondido que las diferencias eran muchas. Vengo de un país donde todo es complicado y eso hace que tengas que apañarte como sea. Eso genera que si quieres dedicarte a esto cualquier sitio vale para montar un escenario o una sala y aprendes que no dejarás de ser un profesional aunque tengas que ser tú mismo el que te coses el vestuario. Aquí, actualmente, producto de la crisis y una descarada y denigrante subida del IVA está sucediendo lo mismo. Aunque aquí creo que necesitamos arriesgar más y no quedarnos solamente en las quejas en los bares o entre amigos. En cuanto al público, yo creo que es el mismo en todas partes. El problema es cuando el público no tiene la posibilidad de ir al teatro o no se lo estimula para entender que la cultura es un bien irremplazable. Vivimos en un sistema al que le conviene un pueblo que no piense. Por suerte aquí y allá el público piensa y quiere teatro. Solo nos falta, también aquí y allá, que las condiciones sean más favorables para todos.

De tu extensísima –y creo que la palabra apenas hace justicia- lista de piezas en las que has participado, una de las más destacables es Bodas de sangre, una de las obras maestras de Federico García Lorca. ¿Qué retos supone como actor interpretar un texto de estas dimensiones? ¿Crees que el drama que Lorca denuncia se sigue viviendo actualmente, aunque sea de otro modo?

Lorca es un autor que me apasiona: su historia, su poesía, su pasión. Es un autor que siempre viene a mí. Interpreté Bodas de Sangre, dirigido por David di Nápoli con tan solo 19 años (interpretaba al Novio) y fue maravilloso. El reto de dejarse llevar por sus textos, sus versos y sobre todo, el reto de permitirse volar con ellos. Y siempre regresando a él, luego fue el turno de Lorca, un niño de la eternidad (obra a partir de textos de Federico en el que yo interpretaba el fragmento de la Luna, también de Bodas de Sangre), años después pude dirigir La casa de Bernarda Alba, y actualmente he dirigido, también a partir de textos de Lorca, La oscura raíz del grito con mis alumnos del Plan de Formación Integral de Actores en el Estudio de formación de actores Expresando. Como ves, es un autor que siempre estará presente y del que nunca me cansaré, Lorca sigue vivo en su poesía, en su queja, en su denuncia. Ese grito ahogado que sigue vigente y que en sus palabras cobra vida una y otra vez a pesar del paso del tiempo.

También has formado parte del elenco de musicales como El jorobado de Notre Dame; versión que, pese a ser infantil, no tenía nada que ver con la famosa adaptación de dibujos animados. Además, tú dabas vida al villano, uno de los más recordados de toda la filmografía de la factoría Disney. ¿Cómo se afronta el desafío de interpretar a un personaje tan identificado por los niños como “original” de los clásicos Disney?

El desafío con ese montaje fue mayor aún porque entré a sustituir al actor que lo encarnaba anteriormente; ya sabemos lo que sucede cuando tienes menos tiempo para ensayar y ves que todo se te viene encima. El desafío era muy grande, ya que en muy poco tiempo tuve que aprenderme el texto, las canciones, y a los pocos días estaba estrenando. Me encantan esos desafíos. Es verdad que se trata de un personaje muy identificado por los niños pero creo que lo inteligente de la versión fue la libertad que tuvimos para recrear los personajes que, si bien estaban basados en ese clásico, se transformaban en una versión a partir de la que podíamos jugar.

No obstante, tu carrera no solo se ha desarrollado sobre el escenario, ya que no son pocas las veces que te has puesto frente a la cámara. Uno de tus primeros trabajos en este campo fue el cortometraje Habana Club. ¿Qué nos puedes contar sobre esta obra y tu experiencia en el rodaje?

Estudiaba interpretación en el Estudio de Lito Cruz cuando se abrió la convocatoria para participar de ese cortometraje, era la primera vez que me enfrentaba a una cámara y me eligieron para uno de los personajes; un personaje pequeño, mudo, pero nunca olvidaré las palabras de la directora, que para mí fueron un regalo: “te hago repetir las tomas porque me encantan las diferentes posibilidades que encuentras para transmitir con esa mirada”. Lo único que lamento es no tener una copia del mismo ni la posibilidad de conseguirla. Han pasado tantos años… (ríe).

También has participado en varias series de televisión, de entre las cuales la más destacada es La pecera de Eva. Háblanos de tu personaje. ¿Qué te llamaba de él?

Mi experiencia en La pecera de Eva fue maravillosa. Los protagonistas eran alumnos de instituto y a mi me tocó el personaje de jefe de una de esas alumnas en un centro comercial en el que había conseguido un trabajo. Un personaje intenso que me permitió mostrar diferentes caras, partir de una actitud afable y cercana que, sin darnos cuenta comenzaba a mostrar sus zonas oscuras. Y esos son los personajes que me seducen, los que tienen matices, los que puedes desenmascarar descubriendo que debajo de esa máscara tienen otra, y otra, y otra. Al finalizar el rodaje de una escena en la que mi personaje acosaba a la joven una ayudante de producción exclamó: “qué asco”. Fue el mejor piropo que pude recibir. Y esto volvió a suceder entre algunos amigos y conocidos luego de ver ese capítulo. Sentí que el personaje estaba bien defendido.

Aparte de la presencia del público, ¿qué principal diferencia destacarías entre actuar en teatro y en los medios audiovisuales?

Son dos mundos completamente distintos. Tu forma de proyectar en el medio audiovisual debe ser mas medida, contenida, un mínimo gesto exagerado puede arruinar un plano. El teatro te permite desplegar de otro modo. No es mejor ni uno ni el otro. Cada cual tiene sus virtudes y ofrece posibilidades maravillosas. Yo vengo más del teatro y, aunque me encanta el medio audiovisual, el teatro te permite crecer día a día, es la base, el sitio donde puedes evolucionar y donde tienes al público vibrando junto a ti. Quizá en cine, con más tiempo para ensayar, dependiendo del montaje y del director, es donde te puedes acercar un poco más a estos aspectos. Pero sigues sin tener al público que respira junto a tus personajes.

Lo cierto es que gran parte de los personajes a los que has dado vida son villanos. ¿Por qué te resultan tan atractivos?

Dadme un villano y seré feliz; te comentaba aquello de las máscaras, de las capas que tienen los personajes, de las zonas oscuras. Los “malos”, los “villanos” tienen para mí el desafío de tener que comprenderlos a pesar de pensar diferente. Un actor debe comprender y defender a su personaje y si te toca uno de estos debes meterte en su piel, en su historia, en su pensamiento. Es maravillosa la idea de defender con fundamentos sólidos por qué matas, por qué engañas, por qué haces el “mal”. Luego será el público el que juzgue; nosotros no podemos hacerlo con nuestros personajes aunque hayan hecho lo peor que se puede hacer.

En los últimos años has seguido pisando las tablas de muy diversas formas. Una de ellas ha sido en la compañía 2inconscientes, en la que protagonizaste Idiotas Románticos, obra que logró estar en cartel durante 20 meses consecutivos. ¿En qué crees que radica el éxito de esta pieza?

En esas etapas en las que no te llama nadie para trabajar, en las que tienes la necesidad de estar sobre un escenario más que nunca es cuando surgen las mejores ideas. Hablando de ello con Lucía Franco, actriz y amiga con la que jamás me cansaré de compartir escenarios, nos pusimos a buscar material hasta que dimos con Idiotas Románticos. Rich Orloff, su autor, es estadounidense por lo que tuvimos que contactar con su agencia en Nueva York. Simultáneamente habíamos creado con Lucía y Fernando Daubler, a cargo de producción, nuestra propia compañía, y así fue como compramos los derechos, se tradujo y adaptó la obra y estrenamos. Nunca pensamos que estaríamos tanto tiempo en cartel y además de forma ininterrumpida; no nos tomamos ni vacaciones. Creo que el éxito se basó en dos pilares importantísimos: una obra clara, cercana, sencilla y además con textos hilarantes e inteligentes y, por otra parte, la formación de un equipo de trabajo serio, profesional, sin fisuras, con pasión por el trabajo y sobre todo sincero. En ello Lucía y Fernando tienen mucho que ver y lo agradeceré siempre.

Además, has actuado en varias producciones para Microteatro. ¿Supone algún reto interpretar en formatos tan reducidos tanto en espacio y tiempo como en público?

Nuestras participaciones en Microteatro fueron simultáneas a Idiotas Románticos nos llamó la atención el formato y además la necesidad de compaginar el éxito de Idiotas con alguna propuesta diferente, en este caso, destinada a los niños. El reto consiste en que si estiras de más un brazo tocas a alguien del público y viceversa. Debes contar una historia en 15 minutos y repetirla 6 veces en un día. Es como una mini montaña rusa; a mí me encantan ese tipo de atracciones. En Microteatro oyes y te oyen respirar. No puedes desconcentrarte un solo segundo. Nosotros además lo hemos hecho para niños, hasta nos hemos enfrentado a realizar una función con un niño en medio del espacio escénico observándonos maravillado.

Aparte de tu larga experiencia como actor, también has desarrollado una prolífica carrera como dramaturgo y director. ¿Cómo y por qué decidiste dar este salto?

Yo soy un poco más humilde y no diría que mi carrera como director y dramaturgo es prolífica, pero gracias por tu calificación. Yo creo que ha sido al revés; no he dado el salto sino que el dramaturgo y el director hayan saltado sobre mí. Comencé dirigiendo a alumnos de mis cursos y descubrí que el actor que soy podía crecer también desde ese sitio y cada vez que se presenta la oportunidad de dirigir estoy encantado. Se aprende mucho de los demás, de las propuestas de los actores y descubres que desde tu rol tienes para dar más de lo que pensabas. En cuanto a la dramaturgia, sucede un poco lo mismo aunque he decidido conservarla mas en un plano de juego e investigación. Siempre digo que escribo desde el actor. Y escribir también contribuye a que siga creciendo como intérprete.

De las obras que has escrito, ¿cuál destacarías y por qué? ¿Y de las que has dirigido?

Siempre te quedas con el primer amor. La primera obra que escribí fue un infantil, Diky, el brujito enamorado (o Lo bueno de ser buenos) que ganó además el II premio del Gobierno de la Ciudad de Buenos aires. También destacaría una de las piezas de Microteatro, El jardín de Margarita que fue seleccionada por la sala como uno de sus clásicos de la temporada.

En cuanto a las obras que he dirigido, han sido todas muy diversas y cada cual ha tenido diferentes desafíos para mí. Lo cierto es que con [Título del musical], versión española de la obra de Broadway [Title of show], he tenido la oportunidad de dirigir un musical, teniendo en cuenta que hay que respetar otros aspectos propios del género pero a la vez con el desafío de que los actores realizaran un sólido trabajo y no se limitaran solo a repetir un texto y cantar las canciones. Y estoy orgulloso de haberlo conseguido.

También has sido –y continúas siendo- profesor y coach de interpretación. ¿Qué facultades crees que debe tener todo aquel que quiera dedicarse a esta profesión?

Actualmente soy profesor de interpretación en Expresando, escuela en la que trabajo feliz, a gusto y con mucha libertad y apoyo; y por supuesto, continúo siendo coach de actores. He  acompañado a crear sus propuestas para las audiciones a unos cuantos talentosos actores que hoy estamos aplaudiendo en muchos de los musicales o en alguna de serie de televisión y me enorgullece mucho verlos allí.

Para enseñar no debes perder la capacidad de aprender día a día. Un buen docente debe acompañar a sus alumnos desde su experiencia y necesidades, transmitir información, e incluso permitirte descubrir algo nuevo junto a ellos cada día. Un profesor puede destruir a una persona. Tenemos que ser muy cuidadosos con las formas, los métodos de trabajo y, sobre todo, particularizar. Cada alumno necesita algo diferente a los demás siempre.

Si tuvieras que dar un consejo a aquellos que están empezando en el mundo actoral, ¿cuál sería?

Nunca dejéis de formaros. La formación y el entrenamiento del actor son fundamentales. Actualmente nos “venden” que cualquiera puede ser actor y que ser famoso está guay. Pues no. Aquella frase mítica de “la fama cuesta…” es totalmente cierta. Hoy más que nunca hay que insistir en que debemos ser responsables, profesionales, dedicarle tiempo a ello y no olvidar que un actor debe estar en continua formación durante toda su vida.

¿Tienes algún proyecto futuro del que nos puedas hablar?

Siempre hay proyectos, sueños, y ganas de estar sobre un escenario. Desde nuestra compañía estamos buscando material para nuestro próximo proyecto. Hay un par de ideas de las que aún no puedo hablar pero os prometo que estaréis entre los primeros en enteraros de las novedades.