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Tras el sorprendente éxito que la trilogía de E. L. James ha cosechado alrededor del mundo, el teatro madrileño también se ha sumado a la interminable pila de adaptaciones que esta popular serie aúna desde su publicación; eso sí, esta vez en clave de parodia. En esta primera colaboración para Primera Fila, nuestro crítico Eduardo Ayuso nos ofrece su visión sobre 50 sombras de Grey, el musical; una de los obras que más han dado que hablar -tanto entre críticos como entre espectadores- en esta última temporada.

¿Rendirse o no rendirse ante los fenómenos mediáticos? Los prejuicios suelen estar detrás de la pérdida de oportunidades para disfrutar y dejarnos sorprender en la vida. Si bien es cierto que en ocasiones las expectativas ante lo “popular, masivo… mainstream” se cumplen, y no precisamente para reforzar la visión de los prejuicios que mencionaba anteriormente, “50 Sombras de Grey. El musical” sí requiere superar esos prejuicios… for good.

Sí quiero puntualizar que el fenómeno mediático esta vez no es el musical sobre el que escribo en estas líneas, sino, el pack literario que da nombre a este irreverente espectáculo. “50 Sombras de Grey”, como ya es sabido, es uno de los fenómenos literarios de la década, cuya adaptación al cine ha gozado de la misma aceptación.

Ese prejuicio ante lo mediático, posiblemente, haya sido uno de los motivos que ha restado éxito a un musical que poco tiene que ver con la historia que tantas mesillas de noche ha ocupado y que a tanta gente ha pretendido entretener en las butacas. Un claro error de posicionamiento en el mercado musical por parte de los productores de esta adaptación.

Si bien es cierto que es un espectáculo cuyo origen está en los libros de igual título, la narrativa no tiene nada que ver. “50 Sombras de Grey. El musical” es una soez comedia para un público de fin de semana con ganas de reírse con un humor directo, básico, en momentos vulgar… pero eficaz en determinados, y muy respetables, círculos sociales. “50 Sombras de Grey. La parodia” tal vez debería haber sido el título, y germen de la campaña de marketing, para este espectáculo que, por otra parte, tendría que haberse representado en un teatro más pequeño… otro error de negocio.

Decía al comenzar que no había que dejarse llevar por los prejuicios y sí ver este musical por una razón: los actores. Todos ellos hacen un buen trabajo y defienden muy bien el texto y el fin de la obra. No sale uno maravillado por la coreografía, las grandes voces o una interpretación que se vaya a recordar en el tiempo, pero el trabajo que todos realizan es bueno en su conjunto y sacan el máximo a un texto que es lo que es y que pretende lo que pretende.

Sobre el escenario, profesionales con mediana o larga trayectoria y una dulce sorpresa: Teresa Abarca. Una joven e increíble novedad en la escena musical. Lo tiene todo, canta técnicamente muy bien, suena mejor, tiene una vis cómica fantástica, una presencia escénica más que agradable… señores, Teresa Abarca ha llegado y espero que esté entre nosotros mucho tiempo para poder disfrutar de su talento.

Libérense de prejuicios y disfruten de las sorpresas que nos da la vida. Nunca sabe uno qué se esconde detrás de aquello que en un principio nos puede causar cierto rechazo. Atrévanse a descubrir, a explorar, a mirar qué hay más allá. Lo que encuentren puede ser muy agradable, si saben ver más allá de lo superficial. Señores productores, aprendan a saber qué tienen entre manos para darlo a conocer al público. Les irá mejor.

Damas y caballeros, “50 Sombras de Grey. La parodia (¡Ah! No). El musical”… Pasen y vean.

Texto por Eduardo Ayuso (@DUARAUD)