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Mucho ocurrió antes de Dorothy cayera, pero también antes de que Wicked se convirtiera en e fenómeno musical que hoy en día es en Broadway. El compositor y director de orquesta Guillermo Názara Reverter nos revela los secretos de la creación de una de las obras de mayor éxito en el mundo.

Durante años, los pequeños habitantes de Mutchkinland vivieron aterrorizados, conscientes del letal peligro que acechaba en su pueblo. Aquella mujer de tez verdosa y túnicas negras se había hecho con el poder en varias regiones del país; no pararía hasta dominar la nación entera. El gobernador había anunciado que Oz se encontraba en situación de emergencia. Tras sus crueles experimentos con animales y personas, a los que había arrebatado varios órganos, la extraña mujer estaba decidida a alzarse al trono. El mago había pedido a sus gentes que se unieran en su lucha contra aquel acto terrorista. A fin de cuentas, su responsable no era más que una malvada bruja.

A los compositores, las ideas para los nuevos musicales suelen venir por comentarios de pasada, a veces de los más absurdos y casuales. Lo mismo le ocurrió a Stephen Schwartz cuando, durante una sesión de buceo en Hawái, un amigo le habló de la novela que se estaba leyendo. Tan solo hizo falta una frase para que al autor de Pippin se le encendiera la bombilla: “Se titula Wicked, y trata sobre lo que ocurre en El Mago de Oz desde el punto de vista de la Malvada Bruja del Oeste“. Schwartz sabía que ahí había algo para él; el libro contenía el tipo de historia que él siempre había querido contar con su música. Cada segundo de vuelta al hotel se hacía eterno, Stephen no podía esperar para llamar a su abogado. Una vez pisó tierra firme, se apresuró a cumplir su misión. En cuanto descolgó el teléfono, no dejó ni que el letrado le diera los buenos días, Schwartz tenía que contárselo: “Soy consciente de que alguien tiene los derechos de esta novela, pero tengo que transformarlo en un musical; es la mejor idea que he tenido en mi vida”.

Marc Platt era un prestigioso productor que había logrado un gran reconocimiento en Universal Studios en los 90. Fue en 1998 cuando Stephen Schwartz contactó con él para iniciar la transformación de la densa novela de Gregory Maguire. Había un problema, Platt ya había iniciado los trámites para convertir el libro en una película, y la productora estaba muy interesada en esa adaptación. Schwartz no sabía cómo reaccionar, su gran idea podía no llevarse a cabo. Universal, sin embargo, estaba dispuesto a financiar un nuevo musical escrito por Stephen, así que decidió ofrecerle una interminable lista de títulos que estaban disponibles para musicalizar. Pero Schwartz no iba a dar su brazo a torcer, Wicked pedía a gritos una partitura. Fue entonces cuando Platt salió en su defensa; el productor se había dado cuenta de que algo fallaba en la película, y era la ausencia de canciones y de un auditorio.

Schwartz le acaban de dar luz verde en el proyecto; ahora podía sentarse al piano y empezar a garabatear las 300 páginas que componen la reducción a piano de la obra. Pero todavía faltaba una pieza en el rompecabezas. La obra de Maguire tenía una línea argumental muy compleja, complicada de llevar al escenario de forma fiel. Alguien tenía que simplificarla y explorar la parte que más le interesaba al compositor, la relación entre la Malvada Bruja –Elphaba– y Galinda, posteriormente conocida como Glinda. Winnie Holzman, ganadora de un Emmy por su serie de televisión My So-Called Life, trabajó durante un año entero con Schwartz en la organización y readaptación de la trama. Sin embargo, no tenía ni idea de todos los problemas que su creación iba a conllevar.

Después de año y medio preparando el primer borrador de la obra, era hora de probar si el resultado funcionaba. Marc Platt organizó un taller de teatro en Los Ángeles, donde varios actores asentados en la capital mundial del cine, interpretaron a los peculiares personajes del musical. El papel principal corrió a cargo de una joven actriz y cantante con muy poca experiencia en Broadway. La elección suponía un riesgo muy peligroso; a estos talleres suelen acudir los inversores; con que haya un mínimo detalle que nos le convenza, su dinero no lo verá ni el taquillero.

La reunión resultó productiva, pero todos eran conscientes de que la obra tenía que recorrer varios escalones antes de llegar a ser brillante. Había varias canciones que no funcionaban, especialmente una, titulada Making Good, de la que Schwartz estaba especialmente orgulloso. Sin embargo, o ponía a un lado el cariño por sus piezas, o el musical no tendría ni un segundo acto. Se acababa de abrir una puerta por la que entraría la desesperación y la rabia durante cinco largos años y que llevaría a la obra casi a la desaparición.

El próximo jueves, el desenlace.

Fuentes:

-Wicked Documentary: The Road to Broadway

-Wicked – Behind the Scenes

-Defying Gravity – The Stephen Schwartz Story