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Tras 62 años en el West End londinense, La Ratonera continúa sorprendiendo a miles de espectadores. El compositor Guillermo Názara nos cuenta todos los entresijos de la obra de teatro más duradera del mundo.

En 1952, una mansión abandonada situada en las afueras del Londres acogió al autor de uno de los crímenes más famosos de la historia de Inglaterra. Ocho personas se encontraban en su interior aquella noche. Una llamada de la policía informó a los huéspedes de que el asesino buscaba refugio por los alrededores de la casa. El detective que llevaba el caso fue el último en entrar. La mansión estaba incomunicada por la nieve; nadie había podido salir. Estaba claro, uno de ellos, era el homicida.

Contador de representaciones de la Ratonera

Contador de representaciones de la Ratonera

Agatha Christie jamás pudo imaginar el éxito que tendría aquel pequeño relato radiofónico que había creado para el cumpleaños de la Reina Madre. Es cierto que cuando escribes -ya sea un musical, una película o una obra de teatro- a pesar de tu indudable vocación por tu profesión, siempre esperas algo de reconocimiento. Christie había sido muy modesta, tan solo unos meses de producción, ocho a lo sumo; con eso, estaría contenta. Habría que preguntarle cómo se siente ahora que su obra ha cumplido 62 años en la cartelera londinense.

Todavía se conservan algunos objetos del atrezzo original. Al igual que en el cine de principios de siglo, una curiosa máquina de madera, que recuerda a las zanfoñas medievales, continúa estremeciendo a los personajes y a la audiencia con sus efectos sonoros de tormenta. El reloj de la chimenea, tan clásico en el género del misterio, lleva décadas moviendo sus manecillas sin descanso ante un público intrigado y deseoso de saber quién es el asesino.

Muchos críticos y aficionados al teatro han considerado La Ratonera como la mejor obra jamás escrita en el -ahora tan manido- estilo whodunnit, propio de la novela de misterio anglosajona. Todas las pistas para encontrar al culpable toman lugar ante los ojos del espectador; este mismo podría delatar al autor del crimen antes de que los propios personajes lo descubran. Sin embargo, es una auténtica proeza conseguirlo con la pieza de Mrs. Christie; es muy difícil encontrar a alguien que se haya dado cuenta antes de los últimos minutos de representación.

El misterio continúa en la capital británica, puesto que el final de la obra permanece prácticamente bajo llave. Al público se le pide que nos desvele a nadie fuera del teatro la identidad del asesino, de modo que los futuros espectadores caigan en las mismas trampas que la reina de la novela detectivesca preparó hace más de medio siglo. No es sorprendente que su nieto y heredero de los derechos, Matthew Prichard, estuviera casi taquicárdico cuando descubrió que en la página sobre La Ratonera de Wikipedia se contaba el tan protegido desenlace.

No hay duda de que Christie creó una verdadera mina de oro a partir de aquel relato titulado en su origen Three Blind Mice (Tres Ratones Ciegos). El nuevo nombre lo sugirió su cuñado, Antohny Hicks, inspirado por la obra ficticia al que el vengativo Hamlet recurre para lograr la confesión del asesino de su padre, su tío Claudio. Poco tiempo después de su estreno, el productor Edward Small compró los derechos de adaptación de La Ratonera con el fin de llevarla al cine. En el contrato, Christie acordó que no se podría llevar a cabo hasta que no hubieran pasado seis meses tras el final de su producción en Londres. Small no dudó en firmar lo que sería la peor inversión de su vida; murió esperando a que la obra dejara de representarse.

Tras años y años habitando el Ambassadors Theatre y posteriormente el St. Martin’s, la obra de teatro más duradera del mundo sigue cautivando la imaginación de miles de espectadores cada día. No es de extrañar que esté considerada, al igual que el Cambio de la Guardia, un punto de interés turístico que nadie puede perderse. Cuesta creer que, sin embargo, Agatha Christie no forme parte del listado de mejores dramaturgas de misterio del siglo XX. No es relevante, de todas formas, el éxito de su producción ha dejado clara su posición y su calidad en este campo. A fin de cuentas, nadie más consigue que todos nos hagamos hasta el mismo final la misma pregunta que la enigmática Mrs Boyle: Hay un asesino entre nosotros, ¿sabe usted quién es?

Fuentes: